

Los horarios de comida cambian de un país a otro y, de acuerdo con investigaciones sobre crononutrición, también pueden influir en distintos aspectos de la salud.
Estudios publicados en Cell Metabolism, The American Journal of Clinical Nutrition y el International Journal of Obesity señalan que el momento en que se come puede relacionarse con el metabolismo, la composición corporal, la calidad del sueño y el control glucémico.
Un análisis que reunió investigaciones publicadas, encuestas nacionales de uso del tiempo y datos agregados de usuarios de Nutrola en más de 50 países muestra diferencias marcadas entre las costumbres alimentarias de distintas regiones.
México y Noruega tienen horarios de comida muy diferentes
El almuerzo suele ser la comida con mayores diferencias culturales. En México, al igual que en España e Italia, el almuerzo es la comida principal del día y aporta, por lo general, entre el 35% y el 45% de las calorías diarias.

En cambio, la mayor diferencia aparece durante la cena. Mientras que en Noruega la cena suele servirse alrededor de las 5:00 de la tarde, en España y Argentina es común cenar cerca de las 9:30 de la noche.
Según el análisis, Noruega, Finlandia, Suecia y Dinamarca mantienen esta costumbre desde hace décadas por la influencia de la vida agrícola y las pocas horas de luz durante el invierno. Un noruego suele desayunar a las 7:30 de la mañana y cenar a las 5:00 de la tarde, lo que genera una ventana de alimentación de aproximadamente 9.5 horas.
Qué dice la ciencia sobre comer más temprano o más tarde
La crononutrición estudia cómo los horarios de las comidas interactúan con los ritmos circadianos del organismo.
Entre los estudios citados figura una investigación publicada en Cell Metabolism en 2022, que encontró que comer cuatro horas más tarde de lo habitual aumentó la sensación de hambre, redujo el gasto calórico diario en alrededor de 60 calorías y modificó la expresión génica del tejido adiposo hacia un mayor almacenamiento de grasa.
El análisis también menciona investigaciones del Instituto Salk, dirigidas por Satchin Panda, que han asociado las ventanas de alimentación de 8 a 10 horas con mejores marcadores metabólicos, así como un metaanálisis publicado en BMJ que encontró una asociación entre omitir el desayuno y un mayor peso corporal, aunque los autores señalaron la existencia de variables de confusión.











