Durante décadas, Europa dominó sin discusión la fabricación de cruceros. Astilleros de Alemania, Francia, Italia y Finlandia marcaron el estándar mundial en un sector de ingeniería extraordinariamente compleja. Ese dominio histórico, sin embargo, comenzó a moverse y China, gana posiciones.
China, ya consolidada como potencia en la fabricación de cargueros, avanza ahora en el segmento de los megacruceros. El ejemplo más reciente es el Adora Flora City, que acaba de salir del dique seco en Shanghái y se prepara para sus pruebas en el mar.
El segundo megacrucero chino: cómo es su diseño cultural
El Adora Flora City mide 341 metros de eslora, tiene 2,144 cabinas y capacidad para 5,232 pasajeros. Su entrega está prevista para finales de 2026 y ya es posible reservar plazas en sus primeros itinerarios desde Guangzhou.
Su diseño interior rinde homenaje a la cultura Lingnan y a la antigua Ruta de la Seda, con motivos florales que aluden al apodo de la ciudad anfitriona: “La Ciudad de las Flores”.
Este buque es el sucesor del Adora Magic City, el primer megacrucero fabricado íntegramente en China. La diferencia más reveladora entre ambos no está en el tamaño, sino en el tiempo: el ensamblaje del casco del Flora City tomó dos meses menos, señal de una industria que acorta distancias con Europa a ritmo acelerado.
De socio occidental a proyecto 100% chino
El programa nació en 2015 como una empresa conjunta entre China State Shipbuilding Corporation y Carnival Corporation, el mayor operador de cruceros del mundo. Durante la pandemia la relación se enfrió, Carnival se retiró y el proyecto quedó en manos completamente chinas.
A principios de 2026, Adora se fusionó con otros operadores estatales bajo la marca China Cruises. El siguiente objetivo es más ambicioso: tener listo para 2030 el primer megacrucero completamente independiente, sin ninguna dependencia tecnológica extranjera.