

La historia se remonta a 2014, cuando un individuo inició un proceso legal para reivindicar la paternidad de un niño que en ese momento contaba con cuatro años. El menor había sido registrado y criado desde su nacimiento por otra persona, quien actuaba legalmente como su padre. Lo que inicialmente parecía ser un caso más en los tribunales civiles se transformó en un debate jurídico que alcanzó la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
El tribunal de primera instancia reconoció que el demandante era efectivamente el padre biológico, sin embargo, determinó que el niño debía permanecer con quien lo había criado. Los jueces argumentaron que el menor ya estaba integrado en un núcleo familiar estable, con vínculos emocionales consolidados. Incluso prohibieron que se le informará sobre su verdadero origen biológico.
La contienda judicial que alcanzó el supremo
Tras perder en segunda instancia, el padre biológico no se dio por vencido. Interpuso un amparo que fue rechazado por un Tribunal Colegiado, pero logró que su caso llegara a la Suprema Corte mediante un recurso de revisión. El Pleno del máximo tribunal consideró que el asunto era lo suficientemente relevante para ser analizado.

La ministra Loretta Ortiz Ahlf presentó el proyecto que finalmente fue aprobado por unanimidad. La resolución establece que el adolescente —que hoy tiene 16 años— tiene derecho a conocer su verdad biológica antes de cumplir la mayoría de edad. Se trata de un fallo que prioriza el derecho a la identidad por encima de otras consideraciones.
La comunicación efectiva de la verdad al adolescente
La Corte Suprema fue clara en los mecanismos para materializar esta decisión. Será el padre legal quien deberá comunicarle al joven que su filiación registral no coincide con su realidad biológica. El tribunal máximo sugirió enfáticamente que esta revelación se haga acompañada de especialistas en salud mental para proteger el bienestar emocional del adolescente.
La resolución también contempla medidas de protección integral: se deben resguardar tanto el interés superior del menor como su salud mental, sus relaciones familiares existentes y su estabilidad social. No se trata simplemente de revelar información, sino de hacerlo de manera responsable y con el apoyo profesional necesario.
Un nuevo horizonte para el derecho a la identidad
Aunque la ministra Ortiz aclaró que se trata de una resolución enfocada en este caso particular, el fallo sienta un importante precedente sobre el derecho de los menores a conocer sus orígenes. La decisión reconoce que, sin importar las circunstancias familiares o los vínculos afectivos establecidos, los adolescentes tienen derecho fundamental a saber quiénes son sus padres biológicos.
Este caso refleja la tensión entre varios derechos: la estabilidad emocional de los menores, los vínculos familiares construidos y el derecho inalienable a la identidad. Después de 12 años de proceso judicial, la Suprema Corte determinó que la verdad biológica no puede ser ocultada indefinidamente, especialmente cuando se aproxima la mayoría de edad.













