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El Papyrus Anastasi I, conservado en el Museo Británico y datado del siglo XIII a.C., encendió un debate entre arqueólogos. Este documento de la Dinastía XIX contiene el testimonio del escriba Hori, quien describió un inquietante encuentro en un desfiladero de Canaán con guerreros Shasu de proporciones extraordinarias: “Algunos de ellos son de cuatro o cinco codos, de cabeza a pie, feroces de rostro, su corazón no es manso”.

Considerando que el codo real equivale a aproximadamente 52.45 centímetros, estos guerreros habrían medido entre 2.03 y 2.59 metros de altura, dimensiones excepcionales incluso para los estándares actuales.

Esta descripción llevó a expertos como Christopher Eames, del Armstrong Institute of Biblical Archaeology, a establecer paralelismos con los relatos del Antiguo Testamento sobre razas de gigantes como los Nephilim, los Refaim y los Anakim.

Antiguos registros egipcios y relatos bíblicos parecen cruzarse en una misma región y época, donde se describen guerreros de más de dos metros cuya existencia aún divide a los expertos. Fuente: WikimediaMuseo Británico

La conexión entre papiros egipcios y gigantes bíblicos

El documento no es la única evidencia que vincula a los egipcios con seres de gran estatura. Los relieves de Ramsés II sobre batallas cerca de Qadesh (circa 1274 a.C.) representan a dos espías Shasu capturados con un tamaño notablemente superior que el habitual. A diferencia de las típicas magnificaciones artísticas de los faraones, esta representación de los Shasu es considerada más realista por los investigadores.

Además, los Textos de Ejecución egipcios del segundo milenio a.C. mencionan a los “Iy Aneq”, considerados por los egipcios como personas de gran estatura. Los especialistas teorizan que estos podrían ser los Anakim bíblicos, aquellos ante quienes los israelitas se sintieron “como saltamontes” según Números 13:33.

Cuando la geografía confirma los relatos antiguos

La correlación geográfica entre las fuentes egipcias y bíblicas resulta particularmente intrigante. Los Shasu habitaban el sur del Levante, en regiones como Filistea, Canaán y Transjordania, exactamente las mismas zonas donde la Biblia sitúa a los gigantes. El papiro Anastasi I describe encuentros en un valle levantino, mientras que las escrituras hebreas destacan el “Valle de Refaim” (hoy Emek Rephaim), cerca de Jerusalén.

Una tablilla cananea de Ugarit (circa 1200 a.C.) menciona a “Rapiu, Rey de la Eternidad”, entronizado en ciudades que la Biblia identifica como dominios de Og, descrito en Deuteronomio 3:11 como el último rey de los Refaim. La desaparición de los Shasu del registro arqueológico durante la Edad del Hierro temprana coincide notablemente con el fin de las referencias bíblicas a estas razas de gigantes.

Imagen ilustrativa. Fuente: archivo.

Entre la evidencia histórica y el escepticismo científico

Los textos abundan en menciones de estos seres extraordinarios: David enfrentó a Goliat, descrito con más de 2.74 metros de altura (I Samuel 17:4); Og de Basán fue catalogado como el último de los Refaim; e Ishbi-Benob (II Samuel 21:16) es otro ejemplo documentado. Sin embargo, la interpretación de estos hallazgos dista de ser unánime en la comunidad científica.

Algunos expertos argumentan que los documentos podrían estar describiendo simplemente conflictos militares, y que las dimensiones extraordinarias atribuidas a los Shasu o Iy Aneq pudieron ser exageraciones retóricas, una práctica común en textos antiguos para infundir temor o resaltar victorias militares.

No obstante, la convergencia de papiros, relieves y tablillas egipcias y cananeas en una región y período específicos continúa alimentando la discusión sobre la historicidad de las descripciones bíblicas de gigantes, manteniendo vivo uno de los mayores misterios de la antigüedad.