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El fallo de la Suprema Corte, derivado de la Controversia Constitucional 200/2024, continúa repercutiendo a nivel nacional incluso poco más de un mes de hacerse efectivo. El mismo estableció que no existe invasión de competencias federales cuando se trata de patrimonio cultural inmaterial, consolidando un criterio que fortalece la concurrencia entre Federación, estados y municipios.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación, SCJN, validó que Hidalgo declare a la charrería patrimonio cultural inmaterial, una decisión que redefine el alcance de las facultades locales y reordena el debate nacional sobre identidad, cultura y sus límites frente al maltrato a los seres sintientes, es decir, los animales.

La postura de la SCJN frente a este nuevo e histórico fallo
En una sesión llevada a cabo en Tenejapa, Chiapas, la Suprema Corte afirmó que la Constitución establece una distinción entre patrimonio material e inmaterial, indicando que este último “se rige por un esquema de facultades concurrentes que obliga a la Federación, a los estados y a los municipios a trabajar de manera coordinada”.
El Pleno enfatizó que la norma impugnada “no invade la competencia federal”, ya que se restringe al ámbito inmaterial. De esta manera, se confirmó que las legislaturas estatales tienen la facultad de reconocer expresiones culturales propias, siempre en conformidad con la Ley General de Cultura y Derechos Culturales.

La charrería se consolida como tradición mexicana
El Pleno precisó que “el hecho de que una expresión cultural tenga relevancia nacional no impide que una entidad federativa pueda asumirla también como propia”, lo que permite que la charrería sea considerada una tradición mexicana y, a su vez, una herencia cultural de Hidalgo.
La SCJN destacó que “las comunidades y las autoridades locales están en mejor posición para identificar qué tradiciones, fiestas, prácticas o expresiones forman parte de su patrimonio cultural inmaterial”, dado que son quienes las viven y transmiten cotidianamente.
¿Tradición o maltrato? Un fallo reaviva el debate animalista sobre la charrería
Desde una perspectiva de protección animal, la resolución de la Suprema Corte podría ser interpretada como un apoyo institucional indirecto a prácticas que implican el uso de toros, yeguas y caballos en actividades que han sido objeto de cuestionamiento por parte de organizaciones defensoras de los animales en diversas regiones del país.
A pesar de que el fallo se enfocó exclusivamente en competencias constitucionales y en el patrimonio cultural inmaterial, el reconocimiento local de la charrería reaviva el debate sobre si la preservación de tradiciones puede, o debe, coexistir con estándares cada vez más rigurosos en materia de bienestar animal.
La charrería es, en esencia, una práctica tradicional mexicana de raíces rurales que integra habilidades ecuestres y el manejo de ganado.
Esta actividad rural se originó en las haciendas mexicanas como parte del trabajo con reses y caballos. En la actualidad, se ha convertido en un deporte reglamentado que se lleva a cabo en un lienzo charro, donde se ejecutan suertes específicas y participan charros, es decir, hombres y escaramuzas, que son mujeres.
- Cala de caballo: prueba de control y obediencia del caballo mediante giros, frenadas y desplazamientos.
- Piales en el lienzo: el charro lanza una reata para sujetar por las patas traseras a una yegua en carrera.
- Colas en el lienzo (coleadero): el jinete derriba a un toro jalándole la cola mientras cabalga.
- Jineteo de toro: monta de un toro hasta que el animal deja de brincar.
- Terna en el ruedo: lazo al toro, primero del cuello y luego de las patas, para inmovilizarlo.
- Jineteo de yegua: monta de una yegua bruta hasta que deja de saltar.
- Manganas (a pie o a caballo): lazar y derribar a una yegua sujetándole las patas delanteras.
- Paso de la muerte: el charro salta de su caballo a una yegua en carrera sin montura y la controla hasta detenerla.
En lo que respecta a las escaramuzas, las mujeres llevan a cabo evoluciones coreográficas montando caballos, aunque no realizan maniobras de derribo o lazo sobre ganado.













