En la tabla periódica, en el grupo de los halógenos y justo por encima del yodo, se encuentra uno de los elementos más escasos de nuestro planeta: el astato.
Descubierto a mediados del siglo XX, se presenta como un elemento extremadamente inestable, con isótopos que tienen una vida media de apenas unas pocas horas.
Esta inestabilidad explica su escasez extrema en la naturaleza; se estima que la cantidad total presente en la Tierra no supera los pocos gramos.
¿Por qué los elementos más pesados que el plomo se descomponen?
La tabla periódica se organiza según el número de protones presentes en el núcleo de cada elemento. En este esquema, el plomo (Pb), con 82 protones, funciona como un punto de referencia clave: a partir de ese número, los núcleos tienden a volverse inestables. Esto se debe a que, en átomos muy grandes, la repulsión entre los protones supera la fuerza de atracción que ejercen los neutrones, lo que genera desequilibrio.
Como consecuencia, los elementos más pesados que el plomo suelen desintegrarse a través de un proceso llamado radiactividad. Durante este fenómeno, los núcleos inestables emiten partículas o energía con el objetivo de alcanzar una configuración más estable, muchas veces transformándose en plomo u otros elementos en el proceso.
La velocidad de esta desintegración se mide mediante la “semivida”, es decir, el tiempo necesario para que la mitad de una muestra radiactiva se descomponga. Algunas semividas pueden extenderse durante millones de años, mientras que otras duran apenas fracciones de segundo.
Elementos como el uranio y el torio se destacan por su relativa abundancia en la corteza terrestre. En cambio, otros elementos aún más pesados se desintegran tan rápidamente que ya no se encuentran en la naturaleza. A lo largo de millones de años, estos materiales atravesaron sucesivas etapas de descomposición, transformándose en elementos más estables —como el plomo— mucho antes de que pudieran ser observados por los científicos.
Cómo se determinó cual era el elemento más escaso del mundo
Según @Ciencia de Sofá, determinar cuál es el elemento más escaso del planeta implica un análisis de su producción natural y estabilidad. Dos elementos radiactivos destacan en esta discusión: el francio y el astato.
El francio se genera a partir de la desintegración de uranio y torio, siendo el isótopo más común, el francio-223, el resultado de estas cadenas de descomposición.
Sin embargo, su vida media es extremadamente corta, solo 22 minutos, lo que significa que la cantidad de francio presente en la corteza terrestre es muy limitada, estimándose en aproximadamente 30 gramos.
Si se considera el volumen total del planeta, se calcula que hay alrededor de 300 gramos de francio en total.
En contraste, el astato se produce en cantidades aún más reducidas a partir de la descomposición del uranio-235 y 238, con probabilidades de formación de apenas 0.006% y 0.004% respectivamente.
Su isótopo más estable tiene una vida media inferior a un minuto. Actualmente, se estima que en toda la corteza terrestre hay alrededor de 0.2 gramos de astato, lo que se traduce en aproximadamente 20 gramos en todo el planeta.
¿Cómo se descubrió el astato?
En 1939, un grupo de científicos detectó un elemento desconocido en minerales de uranio, aunque su concentración era tan baja que no podían aislarlo.
Sin embargo, en 1940, el físico Emilio Segrè logró sintetizarlo artificialmente, identificándolo como astato.
La síntesis del astato resultó ser un proceso relativamente sencillo. Para ello, utilizaron una delgada lámina de bismuto, que tiene 83 protones. Al bombardear esta lámina con partículas alfa, que contienen dos protones cada una, algunos de estos núcleos se incorporaron en el bismuto.
Este aumento en el número de protones llevó a la formación de átomos de astato, específicamente isótopos como el astato-210 y astato-211, que tienen vidas medias de hasta 8 horas.