

Desde que en enero de 2020 el coronavirus SARS-CoV-2 empezó a ocupar titulares de diarios de decenas de países, un organismo internacional pasó a ser como un faro y referente principal para entender qué pasaba, cuán grave era este virus y cómo se podía proteger la humanidad.

Y cuando tras varias demoras y anuncios pospuestos, finalmente declaró la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pasó a estar en boca de todos. Y sus lineamientos pasaron a definir protocolos de ministerios de Salud nacionales, a instrumentarse en geriátricos, a explicarse en diálogos de colegas que emprendían la retirada de las oficinas, hasta las charlas de vecinos en cuarentena.
En las siguientes semanas, creció la ansiedad de la gente por saber más de este virus para protegerse, y la OMS demoraba en reportar o iba reperfilando consejos.

Primero desestimó el uso del barbijo y luego, pasó a ser el principal insumo recomendado para protegerse. Pero aún así, los argumentos y las sugerencias variaron, y mucho: dudaron de la dimensión de su efectividad graficándola en porcentajes, que si servía o no en interiores y exteriores, hasta finalmente recomendar su uso incluso cuando las personas ya fueron inoculadas con la vacuna anti Covid.

En lo que fueron constantes es la recomendación de maximizar las medidas de higiene, con el lavado cuidadoso de manos y limpieza de objetos de uso constante. También con el uso de alcohol en gel como sanitizante cotidiano, pero variaron las gradaciones sobre su efectividad. Y en la ventilación de ambientes cerrados.
La vía aérea como principal forma de contagio: reciénel 30 de abril de 2021 la OMS comunicó con claridad que es por el aire, a través de los aerosoles, que las personas se contagian este virus. En mayo pasado, dudaba de su propagación por el aire.

El distanciamiento social: que si requería 1, 1,5 o dos metros la distancia mínima entre dos personas para que el virus no se propagara de una a otra. El saludo: desechado el beso, abrazo y apretón de manos, incluso el saludo fue regulado por la OMS que alternó por ejemplo entre chocar los nudillos y los codos. Y las cuarentenas: primero eran la máxima recomendación para prevenir contagios, meses después, el organismo sugirió que fueran de duración limitada.
Del murciélago a otro animal y luego, ¿al ser humano? Las hipótesis sobre dónde y cómo fue la primera transmisión del virus a una persona también se fueron reperfilando. La más difundida: que el virus pasó de un animal salvaje -murciélago- a un ser humano en un mercado de Wuhan a fin de 2019.
En todo caso, a medida que pasaron los meses y la OMS no exigía reportes exhaustivos del gobierno chino, aumentaron las dudas sobre esa versión. Persistía la hipótesis de que el virus se "fugó de un laboratorio". Tras hacer sus propias misiones, recién en marzo de 2021 el organismo publicó un informe relatando que el escenario más probable era que la transmisión del virus desde los murciélagos hacia los humanos se haya producido a través de un tercer animal.
La hidroxicloroquina fue uno de los temas que más idas y vueltas dio la OMS: que si servía para tratar a los enfermos de coronavirus, sólo si estaban graves, o si servía de prevención, o si directamente, lo desaconsejaba.

En vacunas: desde un primer momento, bregó por su desarrollo en todo el mundo y una vez que empezó a aprobarlas, instó a que sean accesibles para todos, poniendo énfasis en los países emergentes. Pero aunque inicialmente apostaba a las vacunas como la solución a la pandemia, una vez que se comenzaron a aplicar, aclaró que no bastaban por sí solas y que se deben sostener los demás cuidados.














