En 1965, las hermanas Roselyn Atkins y Evelyn Atkins dieron un paso que cambiaría sus vidas: compraron la isla de Looe, situada frente a las costas de Cornualles, por 22.000 libras. El territorio, de unas nueve hectáreas, se convirtió progresivamente en el escenario de un experimento de vida alejado del continente.
La mudanza, sin embargo, no ocurrió de inmediato. Mientras una de ellas continuó trabajando en tierra firme, ambas aprovechaban los fines de semana y las vacaciones para acondicionar la propiedad, hasta que en 1976 pudieron establecerse allí de manera permanente.
Durante casi cuatro décadas, las hermanas transformaron el lugar en su hogar mientras convivían con bosques, praderas, costas rocosas y aguas que rodeaban la isla. La naturaleza terminó ocupando un papel central en su vida cotidiana y también en el futuro que decidieron darle al territorio.
Cómo fue la vida de las hermanas en la isla de Looe
Tras la compra, Attie se concentró en el cultivo de narcisos y comenzó a desarrollar la finca. Babs se incorporó de manera definitiva después de jubilarse y posteriormente dejó registrada aquella experiencia en sus libros We Bought an Island, publicado en 1976, y Tales From Our Cornish Island, de 1986.
La isla, además, tenía una historia que se remontaba mucho más atrás. Había estado vinculada con un asentamiento paleocristiano, una capilla medieval dedicada a San Miguel y distintos indicios arqueológicos de presencia humana, además de haber quedado asociada con relatos sobre el contrabando.
El legado que dejaron después de casi 40 años
Attie murió en 1997 y Babs permaneció en la isla hasta su fallecimiento en 2004. Antes de morir, decidió legar Looe Island al Cornwall Wildlife Trust, una medida que permitió preservar el territorio frente a un posible desarrollo intensivo.
Desde entonces, la organización administra la isla como una reserva natural marina y mantiene restringido su acceso a visitas organizadas. El lugar se convirtió así en un espacio dedicado a la conservación tanto de la fauna terrestre como de los ecosistemas marinos.
La isla que hoy funciona como refugio para la fauna
Actualmente, Looe Island alberga la mayor colonia reproductiva de gaviotas de lomo negro de Cornualles, además de cormoranes y ostreros. Desde 2010, cerca de 700 gaviotas fueron marcadas para facilitar el seguimiento de sus desplazamientos y poblaciones.
La investigación científica también continúa en el territorio. Durante dos décadas se realizaron estudios de la zona intermareal para observar cambios en la distribución de especies y la expansión de variedades invasoras, mientras que el anillamiento permitió detectar ejemplares jóvenes que llegaron hasta el noroeste de España.