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El Senado destituyó a Rousseff y Temer asumió la presidencia con el desafío de rescatar la economía

Su caída cierra trece años de gobierno del PT en un país sumido en la peor recesión en casi cien años y con alta desocupación. Temer juró y viajó a la cumbre del G20 en China

Dilma prometió luchar contra el "gobierno golpista" junto a sus seguidores

Dilma prometió luchar contra el

Dilma Rousseff, la primera presidenta mujer de Brasil, fue destituida ayer por una amplia mayoría del Senado en el marco de un juicio político que habilitó el ascenso al poder de quien era su vicepresidente, Michel Temer, que juró horas después en el Congreso, poniendo fin a trece años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT).

La votación fue contundente. Un total de 61 senadores respaldaron el desplazamiento de Rousseff, contra 20 que se pronunciaron en contra, lo que superó con creces la mayoría calificada de dos tercios. La dirigente de izquierda fue hallada culpable de incumplir la ley de responsabilidad fiscal por haber modificado el presupuesto a través de decretos sin autorización legislativa, y por demorar depósitos a la banca pública para esconder el déficit.

La histórica sesión trajo una sorpresa. En una votación por separado, el Senado optó por permitir que Rousseff mantenga sus derechos políticos a ocupar cargos públicos, lo que generó roces en las filas del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de Temer. Es que el cese de la función presidencial va unida a la pérdida por ocho años de esos derechos, pero al desdoblarse la votación, una decena de partidarios del retiro de Dilma, de las filas del PMDB, no apoyaron su inhabilitación en el campo político. Entre ellos, el presidente del Senado, Renan Calheiros, que apoyó el ablandamiento de la pena. Así, la ex jefa de Estado, de 68 años, reelecta en 2014, podrá disputar nuevamente un cargo electivo.

"No diré adiós, estoy segura de que esto será un hasta luego", afirmó tras la decisión del Senado la ex mandataria, que se presentó junto a sus más fieles seguidores, entre los cuales el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en el ingreso del Palacio da Alvorada. En su discurso, acusó al Senado de "rasgar la Constitución", promover "una elección indirecta" y sostuvo que mantendrá "la más firme, incansable y enérgica oposición que un gobierno golpista puede sufrir".

La salida del poder de Dilma se produce en un país agobiado por una aguda recesión, la peor en casi un siglo, un desempleo creciente que afecta a más de 11 millones de brasileños, alto déficit fiscal, y las derivaciones de la investigación judicial por el escándalo de corrupción en Petrobras, que minóaron la credibilidad de la clase política y la elite empresarial.

El nuevo mandatario, que venía gobernando como interino desde mediados de mayo, hereda una nación dividida, agotada por el largo proceso de disputa política y con poco ánimo para aceptar medidas de austeridad. Pero deberá ordenar la economía y cumplir el mandato hasta el último día de 2018.

La oposición en las calles y el Congreso intentará frenar su plan de poner un techo a los gastos este año, atraer inversión extranjera y comenzar una reforma del sistema de pensiones. "Debemos salir con aplausos del pueblo", les dijo a sus ministro en una reunión de gabinete, que fue televisada, y que mantuvo tras jurar y antes de partir en viaje a China, donde participará de la Cumbre del Grupo de los 20.

Es la segunda vez que un impeachment saca a un presidente en Brasil desde la recuperación democrática en 1985. El ex mandatario, hoy senador, Fernando Collor de Mello, fue destituido en 1992 acusado de corrupción. Su proceso terminó archivado por la Corte Suprema en 1994. En su caso, perdió los derechos políticos por ocho años.