Todo empezó con un intento de venta. Florencia Montesissa y Evan Bruguera, que vivían en Barcelona, quisieron desprenderse de varias cosas durante un viaje familiar a la Argentina y se toparon con una lista de dudas: quién estaba del otro lado, cómo cobrar, cómo entregar y qué pasaba si había un problema. De ahí nació Salame, una app de compraventa de usados entre particulares que lanzó su versión beta en agosto y ya tiene casi 50.000 usuarios, con más de 10.000 publicaciones.
Antes tenían una cafetería en el centro de Barcelona y decidieron cambiar de rumbo por completo. Florencia viene de los medios audiovisuales y es cantante; Evan trabajó muchos años en el sector de hidrocarburos. “Venimos de recorridos distintos, pero compartimos esa experiencia de emprender, trabajar con gente y resolver los problemas del día a día de un negocio”, cuentan. Tomaron como referencia a las europeas Wallapop y Vinted y se propusieron adaptar esa idea a la Argentina: una app donde publicar fuera fácil y que además ayudara con el pago, la entrega y los imprevistos.
Según un estudio de Ipsos de 2020 que comparten, el 53% de los argentinos encuestados compraba ropa, calzado o accesorios de segunda mano con frecuencia o algunas veces, y una encuesta de Reale Dalla Torre Consultores publicada en agosto de 2026 mostró que el 11,2% había adquirido tecnología o electrodomésticos usados en los seis meses previos. Hay, además, un motivo más cotidiano. “Muchas veces tenemos cosas en casa que ya no usamos y venderlas puede ser una ayuda concreta para llegar a fin de mes o cubrir un gasto”, señalan.

Pago protegido e identidad validada
Una de las claves de la propuesta es Salame Protect, el sistema de pago con retención de fondos. El comprador paga desde la app y el dinero queda retenido por el proveedor de pagos. Al recibir el producto tiene 48 horas para revisarlo; si está todo bien, lo confirma con un botón y los fondos pasan al saldo del vendedor dentro de la app. En una devolución, el dinero sigue retenido y el vendedor también dispone de 48 horas para comprobar que le regresan el mismo artículo que envió. Si hay desacuerdo, el equipo revisa la publicación, la conversación entre las partes y las pruebas que aporten. El servicio cuesta un 5% a cargo del comprador y solo cubre las operaciones hechas dentro de la app.
Para el vendedor, la venta se realiza son necesidad de abonar comisión, lo que es una diferencia clave respecto de otras plataformas.
Para operar, además, hay que validar la identidad. La plataforma trabaja con CONLAFT, especialista en prevención del lavado de activos y del financiamiento del terrorismo, está inscripta ante la Unidad de Información Financiera (UIF) y usa tecnología biométrica de FaceTec: el usuario sube desde el celular una foto de su DNI y una selfie, y el sistema verifica que coincidan. Se suman la revisión de cuentas, las denuncias y el seguimiento de situaciones sospechosas.
Los fundadores admiten que un paso más puede hacer que alguien lo deje para después, pero aseguran que los resultados son “extremadamente buenos”. “Los usuarios entienden que es una pequeña molestia a cambio de poder operar seguros”, indicaron.
Sin comisión para quien vende
Otro de los puntos fuertes es que el particular vende sus productos usados sin pagar comisión: recibe el importe que acordó, y los servicios con costo, como Protect o el envío, se muestran por separado. Los ingresos de la compañía llegan por Protect, por las potenciaciones para dar más visibilidad a las publicaciones, por las membresías (incluidas las de profesionales que ofrecen sus servicios en la app), por los envíos y, más adelante, por la publicidad a través de Google AdMob.
“Entendemos que ese 5% pueda parecer un gasto más, pero ofrecer esa seguridad tiene costos reales detrás: la validación de identidad, el procesamiento de los pagos, el soporte y la atención de los reclamos”, explican.
“Nos dimos cuenta de que no se puede resolver igual el envío de una remera que el de un mueble”, dicen. Por eso combinan operadores. HOP y Pickit ofrecen puntos de entrega y retiro para paquetes dentro de sus límites de peso y tamaño, con la condición de que ambas partes usen la misma red. Andreani aporta el envío puerta a puerta, también para productos voluminosos, y Cabify se suma para la última milla en entregas urbanas. Un algoritmo desarrollado por el equipo cruza la ubicación de comprador y vendedor, el tamaño y el peso del producto y las tablas de cada operador para elegir la opción más viable, y el usuario ve cuánto cuesta el envío antes de confirmar la compra.

Crecimiento y financiamiento
La difusión de la beta se apoyó en campañas en Meta y TikTok, contenido en redes y colaboraciones con creadores. Los pagos ya están habilitados y hay operaciones cerradas dentro de la app, aunque también hay quienes se conocen en Salame y acuerdan la venta por fuera. “Si alguien encontró comprador para algo que ya no usaba, la app le sirvió”, sostienen. Las categorías con más movimiento son ropa, moda y textiles, y electrónica, sobre todo celulares, powerbanks y accesorios.
En lo financiero, la ronda semilla fue de u$s 400.000, con aportes de amigos, familiares y un inversor principal, y permitió lanzar una primera versión completa de la app y dar los primeros pasos de marketing. Ahora van por una ronda de u$s 1,5 millones, destinada a masificar Salame en la Argentina, posicionar la marca y estabilizar la operación. Y prevén otra ronda para expandirse a países vecinos de habla hispana.
Los próximos pasos de Salame
El primer gran obstáculo fue conseguir el dinero para arrancar. “Al principio tenés una idea, pero todavía no tenés el producto para mostrar”, recuerdan. Después, en lo técnico, lo más complejo fue articular validación de identidad, pagos, envíos y conexiones entre sistemas en una app hecha a medida, sin plantillas. “No alcanza con que cada parte funcione por separado; tienen que funcionar todas juntas cuando alguien hace una operación”, afirman.
Otro frente que cuidan es la atención: el soporte es humano y argentino, y el bot deriva rápido a una persona del equipo. “Nos importa mucho que haya alguien que escuche, entienda lo que pasa y ayude a resolverlo”, aseguran.
Para los próximos 12 meses, el plan es afianzar la aplicación y levantar la próxima ronda para llegar a todo el país. Detrás hay también una idea de economía circular: “Queremos que Salame sea una herramienta que mucha gente use para vender lo que ya no necesita y comprar cosas que no hace falta que sean nuevas”, plantean.

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