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Las principales compañías tecnológicas del mundo están atravesando una nueva ola de despidos que no responde a caídas en sus ingresos ni a crisis financieras, sino a un cambio más profundo: la irrupción de la inteligencia artificial como motor de eficiencia.
Los números son contundentes. Solo en los últimos meses, Block despidió 4.000 empleados, Amazon eliminó decenas de miles de puestos corporativos, Intel redujo su plantilla en 27.000 trabajadores y Meta se prepara para nuevos recortes tras haber ajustado más de 21.000 cargos en 2025. En paralelo, Cisco, LinkedIn y eBay también avanzaron con despidos.
En total, se estima que al menos 127.000 trabajadores de empresas tecnológicas estadounidenses perdieron su empleo en 2025. Y el argumento detrás de esta tendencia se repite: eficiencia, optimización y avance de la inteligencia artificial.
La nueva lógica: recortar sin estar en crisis
Lo que distingue a esta ola de despidos de otras anteriores es el contexto. Las empresas no están en problemas financieros. La frase que sintetiza este cambio la expresó Jack Dorsey, CEO de Block, al anunciar un recorte del 40% de su plantilla: “No estamos tomando esta decisión porque estemos en problemas”.
Este enfoque se repite en todo el sector. Microsoft acaba de reportar ingresos por u$s 82.900 millones en su último balance trimestral, con Azure creciendo un 30%, mientras que Meta viene de cerrar un año récord.
Sin embargo, ambas compañías avanzan con recortes de personal, con el objetivo es maximizar la eficiencia en un entorno donde la inteligencia artificial promete hacer más con menos.
Wall Street cambia las reglas del juego
El motor detrás de estos recortes no está solo en la tecnología, sino también en el mercado financiero. Según The Wall Street Journal, los analistas multiplicaron sus preguntas sobre “eficiencia” en los balances de las grandes tecnológicas, desplazando el foco desde el crecimiento hacia una variable más exigente: cuánto produce cada empleado.
En este contexto, el indicador clave pasó a ser el ingreso por trabajador. Las compañías tecnológicas con valuaciones superiores al billón de dólares ya promedian unos u$s 2 millones anuales por empleado. Y existe una forma rápida de mejorar esa ecuación: reducir la cantidad de personal.
El impacto en el mercado es inmediato. Cada anuncio de despidos suele traducirse en subas de las acciones. Snap, por ejemplo, avanzó un 7% el mismo día en que comunicó la desvinculación de 1000 empleados, mientras destacaba que la inteligencia artificial ya genera el 65% de su código.
Así, la lógica del sector parece haber cambiado: el capital humano dejó de ser visto exclusivamente como un activo estratégico y comenzó a evaluarse, cada vez más, como un costo a optimizar frente a la creciente inversión en tecnología.
“Canjean personas por chips”: la advertencia de Wall Street
Frente a este escenario, el propio Wall Street Journal fue contundente: las compañías están “canjeando personas por chips”. Es decir, reemplazan inversión en empleados por inversión en infraestructura tecnológica, particularmente en inteligencia artificial y centros de datos.
Esta tendencia ya empieza a verse en la práctica. En diálogo con El Cronista, Emmanuel Iarussi, profesor de la Licenciatura en Tecnología Digital y Computer Scientist en el CONICET, señaló: “En algunas compañías de software ya se ve que la IA funciona como facilitadora para reducir equipos y repartir más trabajo entre los empleados que quedan”.
La visión oficial sostiene que la IA permite que equipos más pequeños hagan el trabajo de estructuras mucho más grandes. Sin embargo, hay una lectura más crítica. Los despidos masivos pueden afectar la cultura interna, debilitar la moral y empujar a talentos clave a abandonar las compañías. Además, esos trabajadores pueden convertirse en futuros competidores.
La inteligencia artificial, además, aún no es completamente autónoma: necesita supervisión humana, desarrollo estratégico y adaptación a contextos complejos.
Qué trabajos están en riesgo
En este contexto, el rol de la IA en el mercado laboral es cada vez más evidente. Iarussi indicó que hay tareas puntuales dentro de cada profesión que, en mayor o menor medida, corren algún riesgo de extinción. “Por ejemplo, producir textos básicos, resumir documentos, subtitulado, clasificar información, hacer análisis muy básicos de datos o programar cierto tipo de software”, detalló.
Sin embargo, aclara que el reemplazo no es total, ya que la IA no parece poder reemplazar un empleo entero de manera perfecta o incluso varios en simultáneo, pero sí puede ir absorbiendo partes cada vez más grandes de algunos trabajos.
Por otro lado, el científico revela que existen trabajos más difíciles de reemplazar: “los que combinan conocimiento técnico especializado y responsabilidad”. Entre ellos, menciona a profesionales de la salud, docentes, cocineros y técnicos.
¿Qué habilidades habrá que incorporar para no ser reemplazados por la IA?
“Para mí, una habilidad clave va a ser aprender a aprender”, afirma Iarussi. Según el especialista, esto implica desarrollar la capacidad de enfrentar problemas nuevos, buscar información relevante, experimentar soluciones con las herramientas disponibles, equivocarse y saber cómo corregir el rumbo.
Sin embargo, advierte que este tipo de habilidades no siempre se desarrollan de forma temprana, lo que plantea desafíos para el sistema educativo.
