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En los últimos años, cada vez más argentinos decidieron emigrar en busca de una mejor calidad de vida, nuevas oportunidades laborales y mayores posibilidades de crecimiento económico.

Sin embargo, empezar de cero lejos de la Argentina también puede traer experiencias inesperadas. Cintia Meyer, una cordobesa de 41 años, viajó a España para trabajar como guardavidas, pero una mala experiencia laboral marcó su primera etapa en el exterior.

A partir de entonces, emprendió un recorrido que la llevó por 40 países, donde combinó distintos trabajos y experiencias de voluntariado, hasta que, años más tarde, decidió regresar a la Argentina.

Junto a su pareja, invirtió sus ahorros en un predio de 33 hectáreas y creó El Tortugal, una reserva natural donde hoy realizan retiros, talleres y proyectos de conservación.

España, una mala experiencia

Meyer, profesora de educación física y guardavidas en el río de Carlos Paz, viajó a España en 2007 con un contrato laboral que le ofrecía un sueldo de 1500 euros.

Sin embargo, poco tiempo después comenzó a advertir irregularidades en sus condiciones laborales y de vivienda. La empresa le descontaba el alquiler directamente de su sueldo, pero el valor que cobraba por el departamento era muy superior al que pagaban otros vecinos por una vivienda similar.

Ella compartía el inmueble con otras siete personas: entre los ocho inquilinos abonaban 300 euros cada uno, es decir, 2400 euros en total, mientras que los vecinos pagaban 900 euros por el mismo alquiler.

A esto se sumó otra diferencia que llamó su atención: descubrió que otros guardavidas cobraban 1000 euros más por cumplir la misma cantidad de horas de trabajo.

“No fue lo que esperaba porque de repente me empezaron a descontar muchas cosas como, por ejemplo, un teléfono que no había pedido”, relató para El Cronista.

Emigró a España, conoció 40 países por voluntariados, pero volvió a su país y ahora vive en 33 hectáreas de la selva misionera.Gentileza Cintia Meyer

Ante esta situación, Meyer y sus compañeros acudieron al Ministerio en Madrid, donde detectaron distintas irregularidades en los contratos laborales, especialmente vinculadas con las condiciones de trabajo de un oficio considerado de alto riesgo como el de guardavidas.

Según relató Meyer, el responsable de la empresa ya había enfrentado otras denuncias y utilizaba un mecanismo similar con los trabajadores extranjeros. Los contratos tenían una duración de seis meses y terminaban justo cuando comenzaba la feria judicial de verano. De esta manera, los empleados quedaban sin margen para iniciar acciones legales y debían abandonar el país al finalizar el vínculo laboral.

Finalmente, todo el grupo decidió renunciar y continuar sus propios caminos por Europa. Meyer, por su parte, viajó a Benidorm, España, gracias al contacto de uno de sus compañeros, y allí comenzó una nueva etapa laboral como relaciones públicas.

Vivir viajando en pareja

Con el correr del tiempo Meyer le tomó gusto a conocer, viajar, aprender de otras culturas e incluso trabajar de lo que fuera necesario para conseguir estadías apoyándose en working holiday o voluntariados, una modalidad que miles de argentinos eligen para conocer otros países, trabajar por un tiempo determinado y tener la experiencia de vivir afuera.

Todas estas experiencias dejan un cumulo de contactos y amistades argentinas que se encuentran en el exterior apoyándose mutuamente para compartir oportunidades.

En este sentido, una amiga de Cintia Meyer le pidió que la visite en Waiheke, Nueva Zelanda, y si bien estaba mentalizada con Australia, le salieron dos posibilidades de trabajo en relaciones públicas para organizar fiestas latinas y también consiguió un lugar para vivir.

“Se me dieron todas las posibilidades, cuando es así hay que dejar fluir en los viajes. Son señales”, explicó la cordobesa.

Emigró a España, conoció 40 países por voluntariados, pero volvió a su país y ahora vive en 33 hectáreas de la selva misionera.Gentileza Cintia Meyer

En la paradisíaca isla de Waiheke, conoció a Andrés Álvarez -su gran amor-, oriundo de Campana. A partir de allí, ambos decidieron comprar un auto y emprender una nueva etapa de viajes. “Viajábamos con working holidays. Le dimos una vuelta y media a Australia y también recorrimos Filipinas, Indonesia y Sri Lanka”, recordó.

En toda esta aventura la pareja aceptó varios voluntariados para conseguir hospedaje y algunos servicios a cambio de colaborar en los lugares como Sri Lanka, India y Tasmania. “Algunos voluntariados eran de cuidar niños, de hacer huertas, de cuidados de animales. Siempre buscábamos algo referido al contacto con la naturaleza”, contó.

Organizaban sus recorridos según las temporadas de cada destino. En 2017 crearon un blog para ayudar a otros argentinos que quisieran viajar o trabajar en el exterior, con información práctica como cómo pagar un peaje en Australia o cómo manejarse en distintos países.

Así nació también Traviajando, un libro para brindarle las herramientas básicas a todo aquel que quisiera viajar sin saber inglés, para los trabajos más comunes como construcción, cocina y limpieza, entre otros.

De Europa a una reserva natural en Argentina: ahorraron durante años y compraron 33 hectáreas para cambiar de vida

En 2018, decidieron que era hora de volver a Argentina y ahorraron todo el dinero posible para invertir en alguna zona donde puedan realizar cultivos agroecológicos. “Compramos este predio de 33 hectáreas que fue un alojamiento en su momento. Nosotros queríamos hacerlo más estilo reserva y de relax. Son 3 cabañas y una cocina grande”, indicó.

En el lugar, llamado El Tortugal, se realizan retiros y talleres, de los cuales se saca un fondo para la protección de la reserva. Asimismo, se dedican al resguardo de abejas y crear un meliponario con abejas nativas sin aguijón, plantan especies nativas y se dedican a la agro floresta.

“Nuestro propósito es mejorar las condiciones ambientales, y las condiciones mentales y espirituales de las personas. Tener un lugar que vaya en coherencia con esto que sentimos con lo que hacemos, decimos, pensamos y creamos”, concluyó Meyer.

Hoy, todo lo que aprendieron durante sus años en el exterior forma parte de esta nueva etapa, en la que buscan vivir de una manera más cercana a la naturaleza y ofrecer un espacio para quienes quieren alejarse por unos días de la rutina.