

Sin remover un solo grano de arena, un equipo de investigadores de la Universidad Kafr El Sheikh logró detectar una estructura secreta de 2.600 años enterrada bajo una ciudad sagrada de Egipto, en el noroeste del delta del Nilo.
El hallazgo en la ciudad de Buto, publicado en la revista científica Acta Geophysica, fue posible gracias a una combinación de imágenes de radar satelital y técnicas geofísicas avanzadas que permiten explorar el subsuelo de forma no invasiva.
Buto —conocida también como Tell el-Fara’in y ubicada a unos 95 kilómetros de Alejandría— fue una de las ciudades más importantes del Egipto predinástico y mantuvo actividad continua hasta la época islámica temprana.
Su rol en los orígenes del Estado egipcio y su vínculo con la diosa cobra Uadyet, protectora del Bajo Egipto, la convierten en uno de los enclaves más significativos del país. Esa larga historia de ocupación acumuló capas arqueológicas tan densas que excavar resulta, además de costoso, potencialmente destructivo.
Para sortear ese obstáculo, el equipo liderado por Mohamed A. R. Abouarab apostó por una estrategia de doble vía: imágenes captadas por el satélite Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea (ESA), capaces de detectar variaciones sutiles en el terreno, combinadas con tomografía de resistividad eléctrica para obtener una lectura más precisa del subsuelo.

El cruce de ambas tecnologías permitió identificar la estructura enterrada y estimar su antigüedad en alrededor de 2.600 años, lo que la ubicaría en el período correspondiente a la Baja Época del antiguo Egipto.
Los investigadores señalan que la estructura podría tratarse de un templo, aunque por el momento no hay excavaciones que lo confirmen. Lo que sí quedó en evidencia es el potencial de estas técnicas para explorar sitios donde la intervención directa está limitada por razones logísticas, legales o de preservación.
La arqueología no invasiva viene ganando terreno en Egipto y otros países con patrimonio subterráneo denso, y este hallazgo refuerza ese camino.
El sitio de Buto ya había deparado sorpresas en los últimos años. En 2024, una misión arqueológica egipcia encontró en el mismo enclave un observatorio astronómico construido con ladrillos de adobe y datado en el siglo VI a.C., junto con un reloj de sombra de piedra caliza de casi cinco metros de largo y estatuillas de dioses en bronce y terracota.
La nueva detección por radar agrega otra capa a un lugar que, pese a siglos de estudio, sigue revelando capas inéditas de su historia.















