Las emociones impactan en la salud de las personas. Es algo que ya está fuera de discusión. Durante años, los especialistas de distintas ramas han buscado brindar respuestas sobre cómo gestionar las emociones para evitar que generen estragos físicos y, en medio de esas investigaciones, llegaron a una llamativa conclusión.
Expertos en psicología determinaron que las personas que más se quejan pueden vivir más años. “Cuando nos quejamos, sube la dopamina y nos sentimos mejor”, asegura la psicóloga de familia Isabel Menéndez.
¿Cómo impacta “quejarse” en el cuerpo?
Hay dos puntos fundamentales para tener en cuenta. Por un lado, cuando nos quejamos, liberamos dopamina, lo que ayuda al bienestar en general. Y, por otro lado, la especialista sostiene que “al acumular, reprimir los sentimientos, lo que se hace es somatizar”.
Y amplía el impacto que eso puede tener en el organismo:
“Esa queja no exteriorizada se puede transformar en úlceras de estómago, en dolores de cabeza, en malestar general”.
¿Por qué no conviene quejarse en exceso?
Es importante tener en cuenta que tampoco hay que irse al otro extremo y pasarse todo el día destilando quejas. El director del Instituto de Neurología de Buenos Aires y neurólogo Alejandro Andersson señala que “quejarse, lamentarse y enfadarse todo el tiempo puede tener un efecto negativo en el cerebro y en la salud en general”.
En ese sentido, menciona: “Cuando estamos en un estado de queja o enojo, nuestro cerebro está menos capacitado o bloqueado para resolver problemas de manera efectiva, ya que no podemos pensar con claridad; nuestra capacidad de concentración, atención e inteligencia ejecutiva disminuye”.
Por eso, aunque es bueno liberar las emociones y expresar lo que nos molesta, es indispensable no convertirlo en un hábito que después nos impida valorar lo bueno y practicar la gratitud.