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Los huevos fritos son un clásico en todas las cocinas del mundo por ser fáciles de hacer, económicos y con gran sabor. Esta técnica gastronómica de añadir una cucharadita de vinagre es usada por diversos chefs internacionales porque facilita la cocción, realza su sabor y mejora la textura.
Por qué los cocineros usan esta técnica
Hacer un buen huevo frito puede resultar complicado y tedioso para muchas personas, desde el hecho que la clara se pegue hasta que se rompa la yema.
Este simple truco se basa en la acción del vinagre que, al entrar en contacto con la clara, genera una aceleración en la coagulación de proteínas. Como resultado, se cocina de forma más rápida y evita que se expanda en la sartén.
Un huevo frito con la yema jugosa es la clave. El ácido acético colabora en este proceso al hacer que la clara se cocine más rápido y deje a la yema quedar a punto.
Otro de sus beneficios es que evita los bordes quemados o deshilachados, lo que logra un huevo frito prolijo con apariencia de “restaurante”.
Las claves para aplicar el truco gastronómico
Es sumamente importante que al momento de poner el vinagre solo sean unas gotas, ya que un exceso podría alterar el sabor. Además, se debe tener en cuenta que el momento exacto para usarlo es cuando apenas cae el huevo.
Cómo hacer el huevo frito perfecto
Para aplicar el truco de forma correcta y tener unos huevos fritos prolijos se deben seguir los siguientes pasos:
- Precalentar una sartén
- Aplicar grasa o aceite
- Esperar a que caliente bien
- Dejar caer el huevo con cuidado
- Cuando empiece a cocinarse, echar unas gotas de vinagre blanco en la clara
- Evitar moverlo para no romperlo
- Retirar con cuidado y servir