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Durante las últimas décadas, las familias cambiaron: hay menos nacimientos, hogares más pequeños y redes familiares menos numerosas, mientras que los perros dejaron de ocupar únicamente un lugar como animales de compañía y pasaron a ser considerados, cada vez más, miembros de la familia.

La relación entre ambos fenómenos fue analizada por la Universidad Eötvös Loránd de Budapest, en un artículo publicado en Current Directions in Psychological Science.

El trabajo reúne investigaciones previas y propone una teoría para explicar por qué los perros adquirieron un papel cada vez más importante en sociedades donde también disminuyó la fecundidad.

Menos hijos y más perros: qué relación encontró la ciencia

El análisis parte de un fenómeno observado en distintas sociedades occidentales: nacen menos niños y los perros tienen una presencia cada vez mayor en los hogares. Sin embargo, la autora aclara que esto no significa que uno de estos fenómenos sea necesariamente la causa del otro.

La hipótesis de Enikő Kubinyi plantea, de hecho, una posibilidad diferente: a medida que las familias tienen menos hijos y las redes de parentesco se reducen, los perros pueden adquirir mayor importancia emocional como compañeros dentro del hogar.

Por eso, el estudio habla de un posible “nicho vacío”. No significa que una mascota reemplace a un hijo; sino que pueden cumplir el rol de compañía, afecto y cuidado en familias que tienen menos integrantes.

La investigación, entonces, propone analizar estos fenómenos como parte de un cambio social más amplio: menor natalidad, familias más pequeñas y una relación cada vez más cercana con los animales de compañía.

De mascota a miembro de la familia: qué significa la humanización

Fuente: Freepik.

Uno de los fenómenos importantes del trabajo es la humanización de las mascotas. El concepto describe cómo los perros dejaron de ser vistos únicamente como animales de compañía y comenzaron a ocupar un lugar más cercano al de un integrante de la familia.

Esto puede observarse en situaciones cotidianas: son incluidos en actividades familiares, reciben cuidados similares a los de otros integrantes del hogar y, en algunos casos, son directamente considerados “hijos”.

El estudio cita, por ejemplo, una investigación representativa realizada en Hungría en la que 12% de los encuestados manifestó estar al menos parcialmente de acuerdo con que su perro era más importante que cualquier otra persona. A su vez, 16% los describió como “hijos peludos”.

Para Kubinyi, estos datos permiten observar hasta qué punto cambió el vínculo emocional con los animales. La autora relaciona esta transformación con variables como la fecundidad, el tamaño de las familias y las redes sociales y familiares.

Redes sociales: cómo cambió la imagen de las mascotas

Las redes sociales también aparecen en el análisis como parte de esta transformación cultural.

Internet hizo mucho más visible la presencia de los perros en la vida cotidiana: aparecen en fotos, celebraciones y actividades familiares y, muchas veces, son presentados como un integrante más del hogar.

Kubinyi también considera indicadores como las búsquedas online y la presencia de los perros en los contenidos digitales para observar cómo cambió culturalmente la relación con las mascotas.

La autora plantea que las redes pueden reforzar y potenciar esta tendencia. Mientras las familias se hacen más pequeñas, los perros pueden adquirir un papel emocional cada vez más importante.

La nueva sociedad y los vínculos que se reacomodan

Kubinyi propone una lectura distinta: en sociedades donde las familias se achican, los perros adquirieron un espacio afectivo que antes ocupaban otras personas.

Para la autora, entender ese vínculo es una forma más de leer cómo cambian los lazos familiares en el mundo contemporáneo.