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Antes de romper esa tarjeta bancaria que venció o esa credencial del gimnasio que quedó obsoleta, hay que echar un rápido vistazo.

El PVC rígido con el que están hechas —el mismo material que se usa en cañerías y revestimientos— tiene propiedades que el cartón y el papel simplemente no pueden igualar: no se dobla, no se moja, no se rompe con el uso diario y es fácil de limpiar. Con un poco de intervención, ese descarte se convierte en una etiqueta organizadora que dura años.

Tarjetas de crédito o débito: el tesoro “oculto” que hay en su material

La mayoría de las tarjetas de pago, fidelización y credenciales están fabricadas en PVC (cloruro de polivinilo) de entre 0,76 y 0,84 mm de espesor, con un formato estandarizado internacionalmente: 85,6 × 54 mm, conocido como ID-1. Ese tamaño uniforme —definido por la norma ISO/IEC 7810— es justamente una de sus ventajas para reutilizarlas: todas quedan iguales, lo que da un resultado visualmente prolijo sin ningún esfuerzo adicional.

No tires tus tarjetas de crédito y débito vencidas: podrías tener un tesoro oculto durmiendo en tu cajón (Fuente: Archivo).Fuente: ShutterstockShutterstock

El problema ambiental es real. Según datos de la consultora Eurosmart, se producen alrededor de 3000 millones de tarjetas bancarias por año en todo el mundo. La gran mayoría termina en la basura general, donde el PVC puede tardar entre 400 y 1000 años en degradarse. Reutilizarlas antes de descartarlas —aunque sea por un tiempo— es una forma concreta de extender su ciclo de vida.

¿Qué es necesario para reciclar las tarjetas?

No hace falta comprar casi nada. Con lo que hay en una casa alcanza:

  • Tarjetas de plástico vencidas o en desuso.
  • Tijera resistente o cúter con regla.
  • Lija fina (grano 400 o 600).
  • Pintura acrílica, esmalte sintético o aerosol.
  • Vinilo autoadhesivo (opcional, como alternativa a la pintura).
  • Marcador indeleble o fibra de punta fina.
  • Perforadora común o punzón.
  • Hilo encerado, cuerda fina o argollitas metálicas.
  • Paño seco para limpiar antes de empezar.

Si se quiere que el resultado sea más estético, elegir una paleta limitada: blanco, negro, beige, verde oliva o tonos tierra funcionan bien y hacen que las etiquetas parezcan parte de un sistema de organización pensado, no una manualidad de apuro.

No tires tus tarjetas de crédito y débito vencidas: podrías tener un tesoro oculto durmiendo en tu cajón (Fuente: Archivo).

El paso a paso que hay que tener en cuenta para reutilizar las tarjetas

  1. Reunir el material. Juntar todas las tarjetas inutilizadas: bancarias vencidas, de descuentos, tarjetas de transporte, credenciales de eventos o plásticos similares. Que estén enteras y sin quiebres.
  2. Definir la forma. También es posible dejarlas con su forma rectangular original o redondear un poco más las esquinas con tijera curva para suavizar el diseño. Si son necesarias etiquetas más chicas, se puede cortar a la mitad o en tercios con cúter y regla.
  3. Lijar la superficie. Este paso es clave y suele omitirse: lijar apenas el plástico (sin desgastarlo) elimina el brillo y genera una textura que permite que la pintura o el adhesivo se adhieran correctamente. Sin este paso, cualquier cubierta se desprende con el tiempo.
  4. Cubrir el diseño original. Aplicar una mano de pintura acrílica o forrar con vinilo autoadhesivo. El objetivo es tapar logos, números y hologramas para obtener una superficie limpia. Si usás aerosol, hacé varias capas finas en lugar de una sola gruesa, y dejá secar bien entre cada una.
  5. Identificar cada etiqueta. Con marcador indeleble anotar el contenido: “infusiones”, “cables”, “costura”, “documentos”, “herramientas”, lo que necesites. Otra opción es imprimir las palabras en tipografía que te guste, recortarlas y pegarlas con adhesivo vinílico o Mod Podge para protegerlas.
  6. Perforar un extremo. Con perforadora común o un punzón caliente (para un orificio más prolijo), abrí un agujero en uno de los bordes cortos de la tarjeta.
  7. Colocarlas donde puedan ser más útiles. Atarlas con hilo, cuerda o argollitas a canastos, frascos de vidrio, cajas de tela, cajones organizadores o contenedores transparentes. Ahí el proyecto cobra sentido: el resultado no parece improvisado, sino parte de un sistema de organización.

Por razones de seguridad, antes de reutilizar tarjetas bancarias, es conveniente cortarlas por el chip y el número, o inutilizarlas de alguna manera visible, para evitar cualquier riesgo de uso fraudulento. Por su parte, las de fidelización, credenciales o tarjetas de transporte sin chip financiero se pueden reutilizar directamente sin ese recaudo.