Entre las típicas recetas dulces, hay un postre italiano que destaca por su textura aireada y su sabor delicado a almendras. No lleva harina de trigo ni levadura, y aun así crece suave y esponjosa. Se la conoce como la “tarta de las monjas”, un clásico heredado de antiguas recetas conventuales.
Hoy, esa receta sigue siendo una opción práctica para quienes buscan un postre casero con pocos ingredientes y un resultado que se siente casi de pastelería profesional.
¿Cómo preparar la tradicional torta italiana?
El secreto comienza la noche anterior, ya que la ricota debe colocarse en un colador o en una gasa dentro de la heladera para eliminar el exceso de humedad. Este paso garantiza una miga más firme y aireada.
Al día siguiente, se baten los huevos con el azúcar hasta obtener una mezcla pálida y espumosa. Ese aire será clave para que la torta crezca sin necesidad de levadura. Luego, se incorpora la ricota escurrida con movimientos suaves, evitando perder volumen.
Cuando la mezcla esté homogénea, se agregan la harina de almendras, una pizca de sal, ralladura de limón y unas gotas de esencia de vainilla y, si tienen en la alacena, un toque de licoramaretto, ron o naranja para realzar aún más el aroma.
El molde adecuado marca la diferencia
Para lograr un resultado impecable, conviene utilizar un molde desmontable de buena calidad que permita retirar la torta sin romperla, especialmente tratándose de una preparación tan delicada.
Aquí se destaca el molde tortera desmontable antiadherente de Hudson, un aliado ideal para obtener un desmolde perfecto y bordes intactos. Además, para mayor seguridad, el recipiente es libre de PFOA y cumple con normas INAL del Ministerio de Salud de Argentina.
¿Cómo lograr la cocción perfecta?
Con el molde apenas engrasado y espolvoreado con almendra molida, se vierte la preparación, se alisa la superficie y se hornea en horno moderado durante unos 35 a 40 minutos, hasta que la parte superior se vea dorada y un palillo salga seco.
Una vez lista, es fundamental dejarla enfriar por completo antes de desmoldar. Para terminar, una lluvia de azúcar glas le da ese toque simple y elegante que caracteriza a las recetas tradicionales.