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La Isla de Pascua es hoy uno de los destinos más reconocidos de América del Sur gracias a su patrimonio arqueológico y a los imponentes esculturas que atraen visitantes de todo el mundo. Sin embargo, décadas atrás su futuro pudo haber sido completamente diferente.

Una investigación histórica reveló que, en la década de 1930, Chile evaluó desprenderse de este territorio insular para obtener recursos económicos destinados al fortalecimiento de su Armada. Entre los posibles compradores figuraban Estados Unidos, Reino Unido, Japón e incluso la Alemania nazi, en un escenario internacional marcado por el creciente rearme previo a la Segunda Guerra Mundial.

El plan para vender la Isla de Pascua y reforzar el poder militar

Los detalles de este episodio fueron reconstruidos por el periodista e historiador español Mario Amorós en el libro Rapa Nui: Una herida en el océano, donde analiza distintos momentos clave de la historia de la isla y de su población originaria.

Hacia 1937 las autoridades chilenas habrían evaluado ofrecer la Isla de Pascua (Fuente: Wikimedia Commons / Rivi)

Según la investigación, hacia 1937 las autoridades chilenas habrían evaluado ofrecer la Isla de Pascua por aproximadamente un millón de dólares de la época. El objetivo era conseguir financiamiento para ampliar la capacidad naval del país, después de haber incorporado aviones fabricados en Alemania e Italia y mientras analizaba la construcción de nuevos cruceros para su flota.

La propuesta no surgió de un día para otro. Amorós señala que ya en 1930 un agregado naval de Estados Unidos había informado a la Oficina de Inteligencia Naval de su país sobre la posibilidad de que Chile negociara la cesión del territorio como parte de una estrategia de financiamiento militar.

Por qué nunca se concretó la venta de la isla

De acuerdo con el autor, las negociaciones avanzaron mediante “conversaciones secretas” entre oficiales de la Armada chilena y representantes diplomáticos extranjeros establecidos en Santiago. No obstante, esas gestiones nunca llegaron a traducirse en un acuerdo definitivo y la isla permaneció bajo soberanía chilena.

Ya en 1930 Estados Unidos sabía de la posibilidad de que Chile negociara la cesión del territorio (Fuente: archivo).

En aquellos años, la realidad de los habitantes rapanui era muy distinta a la actual. Gran parte de la población vivía con severas restricciones, mientras extensiones importantes de la isla permanecían arrendadas a empresas privadas y las condiciones sanitarias eran precarias, situación que se agravó por la presencia de enfermedades como la lepra.