Un nuevo hallazgo de fósiles humanos en Marruecos vuelve a sacudir las bases de la evolución humana y reabre uno de los mayores interrogantes científicos sobre quiénes fueron nuestros ancestros directos. Estos restos óseos con una antigüedad de 773.000 años, descubiertos en una cueva cercana a Casablanca, podrían pertenecer a una población clave hasta ahora prácticamente desconocida.
El descubrimiento fue publicado en la revista científica Nature e incluye mandíbulas, dientes y huesos largos que llenan un vacío crítico en el registro fósil africano. Se trata de una etapa intermedia fundamental para comprender el origen del Homo sapiens, los neandertales y los denisovanos.
¿Cómo son los huesos del ancestro perdido del hombre?
Los restos fueron hallados en la Cantera Thomas, dentro de la llamada Grotte à Hominidés, un sitio que ya era conocido por su riqueza arqueológica. Sin embargo, estos fósiles destacan por pertenecer a un período del que casi no se conservaban evidencias directas en África, el continente clave para entender nuestra historia como especie.
Según los investigadores, los fósiles presentan un “mosaico” de rasgos primitivos y modernos, algo que desafía las clasificaciones tradicionales. Las mandíbulas no muestran mentón definido, pero los dientes son sorprendentemente similares a los del Homo Sapiens y a los de los neandertales, lo que sugiere una relación evolutiva más estrecha de lo pensado.
¿Cómo fue la investigación de los ancestros del hombre?
Aunque los fósiles fueron excavados hace más de 15 años, su datación precisa se logró recién en el último tiempo gracias al uso del paleomagnetismo, una técnica que analiza las inversiones del campo magnético terrestre registradas en los minerales del suelo.
Los científicos identificaron que la capa donde se encontraban los restos coincidía con la transición Matuyama–Brunhes, un evento magnético global ocurrido hace exactamente 773.000 años. Esto permitió ubicar a estos homínidos en un marco temporal excepcionalmente preciso.
El análisis se completó con tomografías computarizadas de alta resolución, que permitieron estudiar la estructura interna de los huesos sin dañarlos. Gracias a estas tecnologías, los investigadores pudieron reconstruir características anatómicas clave y compararlas con otras especies humanas conocidas.
¿Cuál es la importancia de este avance?
Este perfil anatómico refuerza la hipótesis de un antepasado en común —a veces llamado “ancestro X”— del que se habrían desprendido las tres principales líneas humanas conocidas. La evidencia genética ya situaba a esta especie entre 550.000 y 765.000 años atrás, pero hasta ahora faltaban restos fósiles que confirmaran esa transición.
El hallazgo también vuelve a poner a África en el centro del debate científico. Si bien los fósiles más antiguos de Homo sapiens se encontraron también en Marruecos, los expertos aclaran que esto no implica un “lugar único de origen”, sino condiciones geológicas excepcionales para la conservación de restos humanos antiguos.
Para muchos especialistas, estos fósiles podrían estar relacionados con poblaciones de Homo erectus, aunque con rasgos que anticipan a los humanos modernos. Esto abre nuevas preguntas sobre si esa especie dio origen directo a todas las demás o si existieron múltiples linajes paralelos.
Además, el contexto del hallazgo aporta información sobre el entorno en el que vivían estos homínidos. Marcas de mordeduras en los huesos indican la presencia de depredadores como hienas, lo que sugiere que la cueva era un lugar peligroso y disputado con otros carnívoros.
En conjunto, este descubrimiento no solo amplía el registro fósil africano, sino que ofrece una nueva ventana a uno de los períodos más enigmáticos de la evolución humana, obligando a revisar teorías y abriendo el camino a futuras investigaciones que podrían redefinir nuestro origen.