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Durante millones de años, África estuvo habitada por una enorme variedad de herbívoros de gran tamaño. Sin embargo, muchas de esas especies fueron desapareciendo y la ciencia encontró una explicación que va más allá de las extinciones.

El problema que tenían los animales gigantes

Un estudio reconstruyó 23 millones de años de evolución y detectó que los grandes herbívoros tenían un problema especialmente difícil de superar: generaban nuevas especies mucho más lentamente.

Un estudio reconstruyó 23 millones de años de evolución y detectó que los grandes herbívoros tenían un problema especialmente difícil de superar: generaban nuevas especies mucho más lentamente. (Fuente: Shutterstock)

La investigación analizó 3.327 registros fósiles de 396 especies, entre ellas hipopótamos, antílopes, jirafas y otros ungulados.

Los animales de más de una tonelada presentaban tasas naturalmente bajas de especiación. Es decir, cuando una especie desaparecía, era mucho menos probable que surgiera otra que ocupara su lugar.

Durante los períodos de extrema aridez, los herbívoros de menos de 45 kilos se extinguieron apenas un 15% más rápido que los gigantes, pero generaron nuevas especies 2,2 veces más rápido.

La aridez aceleró el declive

El proceso comenzó a hacerse más evidente cuando África atravesó una creciente aridificación, que empezó hace unos 7,2 millones de años. (Foto: Shutterstock)

El proceso comenzó a hacerse más evidente cuando África atravesó una creciente aridificación, que empezó hace unos 7,2 millones de años.

La sequedad redujo cerca de un 20% la capacidad de los grandes herbívoros para generar nuevas especies, mientras favoreció la diversificación de animales más pequeños.

Una desaparición que fue mucho más lenta

Hace unos 2,58 millones de años, con el comienzo del Pleistoceno, las extinciones se aceleraron y la diversidad de grandes herbívoros cayó todavía más.

Entre los grupos desaparecidos se encuentran Deinotherium y los antracoterios. El estudio señala que este declive comenzó mucho antes de las extinciones más recientes y que no puede explicarse únicamente por la acción humana.

La desaparición de estos animales también modifica los ecosistemas: los megaherbívoros derriban árboles, abren caminos, remueven la vegetación y trasladan nutrientes, por lo que cumplen un papel fundamental en el ambiente.