

La historia de Ryan comenzó en Solihull, Inglaterra, cuando todavía tenía apenas 10 años. Mientras otros chicos aprovechaban su tiempo libre para jugar o estar con amigos, él decidió empezar a recolectar latas de aluminio con un objetivo concreto: venderlas y destinar el dinero a personas que lo necesitaban.
Con el paso de los años, aquella idea que comenzó de manera pequeña terminó convirtiéndose en un verdadero proyecto familiar. Ryan creó We Can CIC, una iniciativa que logró sumar a comercios de la zona y que actualmente trabaja con una extensa red de proveedores que le entregan las latas para que sean procesadas y posteriormente vendidas.
Lo que ocurrió después sorprendió incluso a su propia familia: el proyecto permitió reunir alrededor de u$s 24.000 y reciclar una tonelada y media de latas. El dinero, una vez descontados los costos laborales, es destinado a organizaciones benéficas, comedores y entidades que brindan asistencia a familias vulnerables de la comunidad.
Cómo funciona el proyecto de reciclaje
La iniciativa de Ryan tiene actualmente unos 200 comercios y empresas proveedoras, que acumulan las latas y se las envían a su familia. Una vez que reciben el material, utilizan una máquina trituradora industrial para compactar los recipientes en grandes fardos metálicos.
El aluminio procesado es posteriormente vendido a plantas de reciclaje, que se encargan de continuar con el tratamiento del material. Según explicó John, el padre de Ryan, todo el proceso puede demandar hasta 20 horas de trabajo semanal entre los integrantes de la familia.
El contexto también ayudó a que la iniciativa pudiera crecer. Después de la pandemia, algunas entidades encargadas de reciclar las latas atravesaron una huelga que demoró la recolección, mientras distintos comercios comenzaron a acumular grandes cantidades de residuos de aluminio. Ryan y su familia aprovecharon esa situación para cubrir una necesidad que había quedado vacante.

El dinero que recauda tiene un destino particular
El objetivo del proyecto nunca fue que Ryan se quedara con las ganancias. El dinero obtenido por la venta del aluminio se destina a organizaciones benéficas de la comunidad, entre ellas comedores y entidades que brindan asistencia directa a personas en situación de vulnerabilidad.
De esta manera, el proyecto combina dos objetivos: reducir la cantidad de residuos y ayudar a familias necesitadas. Las propias organizaciones que reciben el dinero también colaboran con la difusión de la iniciativa y ayudan a promover el reciclaje entre los vecinos y comercios.
Ryan quiere seguir creciendo
Actualmente, el adolescente mantiene su actividad mientras continúa asistiendo a la escuela. Su rutina combina estudios, tiempo con amigos y el trabajo de reciclaje junto a su familia, aunque reconoce que podría estar haciendo otras actividades propias de su edad.
“Prefiero jugar videojuegos con mis amigos, porque tengo 13 años”, explicó Ryan en una entrevista con la BBC. Sin embargo, también aseguró que le gusta lo que hace porque puede ayudar a personas necesitadas y devolver algo a su comunidad.

La familia busca ahora ampliar el proyecto. Karima, la madre de Ryan, aseguró que el objetivo es pasar de los actuales 200 proveedores a varios miles y aumentar considerablemente el volumen de material recuperado: durante los últimos meses llegaron a reciclar aproximadamente una tonelada de latas por mes.
Ryan, mientras tanto, ya tiene una meta para el futuro: convertir su iniciativa en una empresa de reciclaje mucho más grande y continuar utilizando el proyecto para generar un impacto positivo tanto en el medio ambiente como en su comunidad.















