Con la llegada de los días de mayor exposición solar, tomar conciencia sobre los horarios seguros es el primer paso para evitar daños irreversibles.

En una entrevista con el Dr. Claudio Zin por Radio Rivadavia, la Dra. Estefanía Romera, especialista en Dermatología y Medicina Interna (MN: 147.782), fue tajante respecto a los márgenes de cuidado: “De 10 a 4 de la tarde sería lo rigurosamente recomendable intentar no exponerse al sol”.

Quienes deseen hacer deporte o disfrutar al aire libre tienen una ventana ideal entre las 7 y las 10 de la mañana, cuando el impacto de los rayos es mucho menor.

Aunque la costumbre de usar protector solar está cada vez más instalada en la rutina diaria, la técnica de aplicación define su eficacia.

La especialista explicó que el filtro mínimo indispensable para garantizar una defensa real es a partir de 30. Antes de usarlo, hay que revisar que el envase no esté vencido y aplicarlo sobre la piel al menos 15 minutos antes de salir al exterior. Si la exposición va a ser prolongada, la regla de oro exige renovar la capa de crema cada dos horas.

Un descuido muy frecuente ocurre durante las vacaciones o los fines de semana de calor. Muchas personas asumen que una sola aplicación al llegar a la playa es suficiente para tolerar toda una tarde de baños en el mar o en la pileta.

Si la exposición va a ser prolongada, la regla de oro exige renovar el protector cada dos horas.

La indicación médica marca exactamente lo contrario: cada vez que salimos del agua, la barrera del producto se debilita o desaparece, por lo que resulta obligatorio volver a colocarse protector inmediatamente para no quemarse.

Las cremas y aerosoles no son la única línea de defensa frente a la radiación diaria. Sumar barreras físicas es un complemento ideal que potencia el cuidado y que muchas veces se pasa por alto. El uso sistemático de sombreros, gorras, anteojos oscuros y el simple hecho de entender que la propia ropa colabora enormemente en el bloqueo de los rayos, ayuda a crear un escudo mucho más sólido contra el sol.

Sin embargo, el cuidado de la piel ya no es un tema exclusivo de los espacios abiertos. Quienes trabajan jornadas enteras dentro de una oficina también sufren deterioro cutáneo debido a la luz azul que emiten los monitores, celulares y otros dispositivos electrónicos.

Esta iluminación artificial, a la que estamos expuestos durante horas, tiene la capacidad de quemar y dañar las células del rostro de forma silenciosa, igual que ocurre a la intemperie.

Para combatir este daño de interiores, la gran recomendación de la Dra. Romera es el protector solar con color. Sus componentes específicos no solo bloquean la radiación tradicional, sino que forman un escudo contra la luz azul de las pantallas. Esta variante es hoy altamente indicada en los consultorios, de manera perfecta para aquellas personas que ya tienen manchas en la cara o una predisposición genética a que su piel se pigmente de forma irregular.