Clan Issime, emblema de la industria textil y del calzado de La Plata durante más de cinco décadas, confirmó su cierre definitivo. La fábrica bajó las persianas este lunes 31 de agosto, apenas unos días antes de cumplir 53 años de actividad ininterrumpida en el barrio de Tolosa.
La empresa fue fundada el 9 de septiembre de 1973 y funcionaba en la calle 526, entre 14 y 15. La firma estaba a cargo de Dolores y Jorge Bizet junto a su hijo Martín, la tercera generación de la misma familia al frente del negocio. Son quienes debieron tomar la decisión final de cerrar una empresa con más de medio siglo de historia.
De 129 empleados a solo nueve
En su mejor momento, allá por 2007, Clan Issime llegó a tener 129 empleados distribuidos entre la planta de Tolosa, 14 locales propios y un centenar de puntos de venta tercerizados en todo el país. Era una de las marcas más reconocidas del sector.
Desde diciembre pasado esa cifra se derrumbó hasta nueve trabajadores, a medida que se fueron acordando las indemnizaciones. Varios de los empleados despedidos llevaban tres décadas dentro de la firma.
Importaciones y caída en las ventas, las razones del cierre
“Producimos, pero es imposible con las importaciones”, resumió Jorge Bizet al explicar el escenario que terminó de sellar el destino de la fábrica. Para los dueños, el ingreso masivo de productos textiles del exterior fue determinante en el deterioro del negocio.
A ese frente se sumó el peso de las obligaciones fiscales. La caída en las ventas impidió a la empresa cubrir tres períodos de los planes de pago vigentes ante ARCA, lo que derivó en el inicio de un proceso de embargo sobre la firma platense.
Esto terminó de complicar el panorama financiero de una empresa que ya venía golpeada por el retroceso de sus ventas. La combinación de deudas impositivas y bajo consumo dejó a la firma sin margen para sostener su estructura productiva.
¿Qué medidas tomó la empresa para pagar las indemnizaciones?
Para afrontar el pago de las indemnizaciones de los últimos empleados, la familia Bizet decidió rematar tanto el stock como las las maquinarias de la planta de Tolosa antes del cierre definitivo.
Hasta el 31 de agosto, de 9 a 14, la fábrica ofreció descuentos de hasta el 50% sobre su indumentaria, en una liquidación que buscaba reunir los fondos necesarios para pagar lo adeudado al personal.
“Esto me dejó mal parado financiero y económico, pero pienso que voy a revertirlo”, aseguró Jorge Bizet, quien reconoció que la situación le genera más bronca que tristeza tras medio siglo de trabajo sostenido en la industria textil.
Antes del cierre, los locales de la marca ya venían reduciéndose progresivamente en distintos puntos de la región. Este año dejaron de funcionar dos sucursales de City Bell, reflejo de una retracción sostenida durante los últimos años de la firma.
El último local propio que quedaba en pleno centro platense, sobre la calle 49, bajó sus persianas apenas unos días antes que la fábrica. En la actualidad restan cerrar alrededor de cuarenta puntos de venta tercerizados en todo el país.