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Mucho antes de que existiera el aire acondicionado, las familias buscaban formas simples de mantener los hogares frescos durante los días de calor. Una de esas costumbres consistía en adaptar los textiles de la vivienda según la época del año, retirando aquellos elementos pesados que conservaban el calor y reemplazándolos por materiales más livianos.

Aunque no se trata de un método capaz de bajar varios grados la temperatura como lo hace un sistema de climatización, esta práctica puede contribuir a mejorar la sensación térmica dentro de la casa.

Y lo mejor es que, en muchos casos, no requiere comprar nada: simplemente consiste en guardar durante los meses cálidos determinados objetos que se utilizan principalmente en invierno.

El truco de las casas para mantenerlas frescas en verano sin aire acondicionado: qué hay que guardar

El sencillo truco que usaban las casas para soportar el calor

Una de las costumbres más extendidas era retirar las alfombras gruesas durante el verano. Las de lana, pelo largo o tejidos especialmente densos aportan una sensación cálida y confortable en invierno, pero pueden resultar poco convenientes cuando las temperaturas comienzan a subir.

En su lugar, podían utilizarse esteras y alfombras finas elaboradas con fibras naturales, como junco, yute, algodón o sisal. Estos materiales permiten mantener el suelo cubierto sin generar la misma sensación de abrigo que producen los textiles pesados.

La práctica no es nueva. Durante siglos, las viviendas de distintas regiones recurrieron a esteras para cubrir determinadas superficies del hogar. Además de proteger los pisos, estos elementos permitían adaptar los ambientes a las condiciones climáticas de cada estación.

Por eso, una primera medida sencilla para preparar una casa para el verano es revisar qué textiles permanecen en el suelo y guardar los más gruesos hasta que vuelva el frío.

Por qué dejar los suelos más despejados puede ayudar a mantener la casa fresca

El efecto no está en que una estera tenga la capacidad de enfriar una habitación. La clave está en cómo se comporta el suelo frente al calor.

Algunos materiales de construcción tienen una elevada inercia térmica y pueden mantenerse relativamente frescos durante determinadas horas del día, especialmente cuando la vivienda permanece protegida del sol directo. Durante el verano, aprovechar esa característica puede contribuir a conservar un ambiente más agradable.

Las alfombras muy gruesas funcionan como aislantes y modifican el contacto entre los pies y el pavimento. Por eso pueden ser ideales durante el invierno, pero no necesariamente durante una jornada calurosa.

En cambio, retirar esos textiles pesados permite aprovechar mejor las características térmicas del propio suelo. Las esteras delgadas de fibras vegetales pueden utilizarse igualmente en aquellas zonas donde se quiera evitar el contacto directo con el pavimento.

Además, algunos materiales naturales son transpirables y pueden interactuar con la humedad ambiental, aunque esto no significa que actúen como un sistema de refrigeración. Su principal ventaja durante el verano está en su ligereza y menor capacidad para generar sensación de abrigo.

Una antigua costumbre permite adaptar los ambientes durante los días de calor sin gastar dinero: retirar determinados textiles pesados y reemplazarlos por materiales más livianos.ChatGPT imagen ilustrativa | El Cronista USA

La técnica que no cuesta nada y que todavía se puede aplicar en casa

Cambiar los textiles no es la única costumbre que se utilizaba antes de la climatización moderna.

Las viviendas también aprovechaban recursos muy básicos para controlar el calor: cerrar persianas y contraventanas durante las horas de mayor radiación solar, ventilar cuando la temperatura exterior bajaba y adaptar los materiales del interior según la estación.

La misma lógica continúa siendo útil actualmente. Antes de encender el aire acondicionado durante todo el día, algunas medidas sencillas pueden ayudar a evitar que el calor se acumule dentro de la vivienda.

Entre ellas se encuentran:

  • Guardar las alfombras gruesas de lana o pelo largo durante los meses más cálidos.
  • Utilizar textiles ligeros en aquellas habitaciones donde sea necesario cubrir el suelo.
  • Cerrar persianas, cortinas o contraventanas cuando el sol incide directamente.
  • Ventilar la vivienda cuando el aire exterior sea más fresco que el interior.
  • Evitar que el sol entre directamente en las habitaciones durante las horas de mayor temperatura.

Por supuesto, estas medidas no sustituyen al aire acondicionado cuando las temperaturas son extremas. Sin embargo, recuperar esta antigua costumbre puede ser una forma sencilla de adaptar la casa al verano.