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En Del Carril, un pequeño pueblo del partido bonaerense de Saladillo, las oportunidades laborales eran pocas y el trabajo comenzaba desde temprano.

Para un adolescente de 16 años, conseguir dinero para disfrutar de un fin de semana con amigos tenía una condición: antes había que pasar por el campo.

Durante los veranos, las jornadas empezaban temprano y transcurrían entre bolsas de arpillera llenas de choclos recién cosechados.

El esfuerzo tenía una recompensa puntual: con lo que ganaban podían salir el sábado y disfrutar del dinero que habían conseguido con sus propias manos.

De trabajar en el campo a ganar millones de dólares con su empresa

Ese adolescente era Walter Giaccaglia, quien creció en una localidad de apenas unos mil habitantes y combinó desde chico los estudios con distintos trabajos.

Lo que comenzó como una forma de conseguir un poco de dinero para pagar sus gastos básicos terminó convirtiéndose en una enseñanza que lo acompañaría durante toda su trayectoria empresarial.

Con los años dejó Saladillo, llegó a Buenos Aires para estudiar Marketing, atravesó trabajos tan disímiles como una agencia de autos y un taller de acolchados, creó una empresa de publicidad en vía pública y llegó a administrar unos 4.000 carteles.

Hoy, varias décadas después de aquellas primeras cosechas, está al frente de qüem, una compañía de alimentos congelados que cuenta con locales propios, franquicias y un sistema de “corners”. La empresa factura alrededor de US$6 millones al año y busca continuar expandiendo su modelo de negocios.

De un pueblo de Saladillo a Buenos Aires: los primeros pasos de un emprendedor

La historia comenzó mucho antes de la empresa de alimentos congelados. Durante su adolescencia, el trabajo rural formaba parte de la rutina. Iba al secundario en Saladillo y combinaba las clases con distintas tareas en el campo.

A los 22 años, llegó el momento de dejar el pueblo y mudarse a Buenos Aires para estudiar Marketing. La adaptación a la ciudad fue acompañada por trabajos que muestran las dificultades de sus primeros años.

Primero consiguió empleo en una agencia de autos, donde incluso llegó a dormir en un sillón. Más adelante se instaló en el taller de acolchados de una tía y convirtió el lugar de trabajo en su dormitorio improvisado: dormía sobre los acolchados y los utilizaba como abrigo y almohada.

El negocio que lo llevó a manejar 4.000 carteles

El siguiente gran paso llegó con la publicidad en vía pública. Allí encontró un rubro en el que logró crecer rápidamente hasta administrar miles de carteles.

La empresa llegó a tener alrededor de 4.000 espacios publicitarios y se convirtió en uno de los principales negocios de su trayectoria. En 1999 decidió venderla, aunque la operación no significó el final de su vida empresarial.

Por el contrario, después de esa venta comenzó una etapa marcada por nuevos proyectos y negocios que no siempre tuvieron el resultado esperado.

Una enfermedad cambió sus prioridades y volvió a empezar

En medio de su crecimiento profesional, apareció uno de los mayores desafíos personales. En 1994 recibió un diagnóstico de un tumor y tuvo que atravesar un tratamiento que lo llevó a replantearse sus prioridades.

La experiencia también influyó en su decisión de vender la empresa de publicidad y buscar una vida más tranquila. Sin embargo, con el tiempo volvió a emprender.

Años después, otro diagnóstico volvería a poner su vida en pausa: en 2021, mientras su nuevo negocio se encontraba en expansión, tuvo que afrontar nuevamente un tratamiento, esta vez con quimioterapia y una operación compleja.

La inversión de US$250.000 que dio origen al nuevo negocio

Qüem tiene 22 locales activos y para fines de 2025 espera llegar a las 50 sucursales.

El regreso al mundo empresarial encontró una oportunidad completamente diferente. En 2018, apareció la posibilidad de ingresar a una compañía de alimentos congelados que atravesaba problemas financieros y de crecimiento.

La apuesta inicial fue de US$250.000. El desafío consistía en ordenar una estructura que había sido pensada para expandirse mediante franquicias, pero que todavía tenía dificultades en aspectos esenciales como la logística, el stock y la infraestructura de frío.

La estrategia cambió el rumbo del negocio: antes de multiplicar las franquicias, se abrieron locales propios para probar el modelo y hacerlo replicable.

Así comenzaron a funcionar los primeros establecimientos y, posteriormente, llegaron nuevas franquicias.

La pandemia impulsó el negocio de los alimentos congelados

El mercado todavía tenía un obstáculo importante: los alimentos congelados no formaban parte de los hábitos de consumo de buena parte de los argentinos y existía cierta desconfianza hacia este tipo de productos.

La pandemia modificó ese escenario: la búsqueda de alimentos prácticos, fáciles de conservar y rápidos de preparar impulsó el consumo y llevó a la empresa a ampliar su capacidad productiva.

Actualmente, el catálogo supera los 350 productos, entre frutas, verduras, rebozados, guarniciones, chipas y empanadas, además de artículos de otras marcas.

El modelo de negocio que busca llevar la empresa a 100 puntos

Hoy, la compañía cuenta con siete locales propios, diez franquicias y un sistema de “corners” que se convirtió en uno de sus principales motores de expansión.

El modelo consiste en colocar freezers dentro de comercios de cercanía. De esta manera, la empresa puede llegar a nuevos puntos de venta sin afrontar los costos de abrir un local tradicional.

Cada freezer representa una inversión aproximada de US$1.000, mientras que la mercadería puede entregarse en consignación. La meta planteada para 2026 es alcanzar los 100 corners.