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En 1950, el matemático británico Alan Turing publicó una nota que cambiaría para siempre la forma de pensar la inteligencia artificial.

Se llamaba “Computing Machinery and Intelligence” y apareció en la revista científica Mind. Ahí planteó una pregunta que todavía genera debate: ¿pueden pensar las máquinas?

Turing evitó definir con precisión qué significa “pensar” porque consideraba que esa discusión llevaba a un callejón sin salida.

En cambio, propuso reemplazar la pregunta original por un experimento concreto y observable, que hoy se conoce como el test de Turing.

El juego de la imitación: así funciona el test

La propuesta de Turing consiste en un escenario con tres participantes: un interrogador y dos interlocutores ocultos, uno humano y uno artificial. El interrogador se comunica con ambos por escrito, sin verlos, y debe adivinar cuál de los dos es la máquina.

1950, Alan Turing hizo la pregunta que hoy divide al mundo: ¿pueden las máquinas pensar como humanos?Generado con IA.

Si la máquina logra engañar al interrogador con la misma frecuencia que un humano real, se considera que superó la prueba. Turing no buscaba definir la inteligencia en abstracto, sino medirla a través del comportamiento: si una máquina se comunica de forma indistinguible de una persona, esa capacidad alcanza para hablar de inteligencia artificial.

¿La inteligencia artificial actual ya superó la prueba?

Durante siete décadas, ningún sistema logró superar el test de Turing en su formato clásico. Eso cambió en 2025, cuando investigadores de la Universidad de California en San Diego sometieron a distintos modelos de lenguaje a una versión moderna de la prueba.

El resultado más citado fue el de GPT-4.5, de OpenAI: cuando se le indicó que adoptara una personalidad humana, fue identificado como persona real en el 73% de los casos, una tasa más alta incluso que la de los humanos reales que participaron del experimento.

Sin embargo, ese resultado tiene matices importantes:

  • Sin instrucción de “personalidad”, el desempeño de GPT-4.5 cayó al 36%.
  • El estudio todavía no fue revisado por pares.
  • Los propios investigadores aclaran que lo que se mide es capacidad de imitación, no de razonamiento o pensamiento genuino.

Ahí está el corazón del debate que Turing dejó planteado hace 75 años: una máquina puede aprender a parecer humana sin que eso implique que comprenda lo que dice.

La discusión que empezó como un ejercicio filosófico en las páginas de Mind hoy define buena parte de cómo evaluamos, y desconfiamos, de la inteligencia artificial que usamos todos los días.