

En los próximos seis meses, el tema del vino me llevará a visitar Brasil, China, Corea, Eslovenia y una zona desértica de Nuevo México; lugares que hace unos años no hubieran estado en el itinerario de un crítico de vinos.
En lugar de optar entre los vinos de Borgoña o de Burdeos, hoy en día un conocedor puede elegir entre un vino fabricado en China con ayuda de un austríaco que era representante de los vinos californianos de Robert Mondavi en Europa u otro creado en la India por el enólogo más famoso de Burdeos.
“Casi en cualquier lugar del mundo ahora se produce vino , dijo Simon Farr, vicepresidente de la firma Bibendum Wine, en Londres. Este especialista, que ya participa en varios emprendimientos vinícolas de alcance global, está viajando a California para trabajar en un nuevo proyecto con un mexicano que, además, compró hace poco viñedos en el valle de Agly, en la Cataluña francesa.
Y todo esto sin mencionar a Australia, un país que ni siquiera era tenido en cuenta en la década de los 70; logró fama internacional en los 90 y ahora trata desesperadamente de sobrevivir a la sequía del siglo XXI.
El mundo del vino se convierte cada vez más en un importante generador e indicador de riqueza. Una colección de vinos es actualmente un complemento deseable, y hasta esperable, del éxito financiero. La cantidad de personas interesadas en Asia, Rusia y Latinoamérica ha presionado los precios de los vinos trofeo, como los Premier Grand Cru de Burdeos o Borgoña, que ya son considerados parte del mercado de artículos de lujo.
No es sorprendente, entonces, que cada vez haya más gente que quiere producir vino. Una serie de celebridades, incluyendo a Francis Coppola, Gérard Depardieu y Sting, se dedican a producirlo, y poseer un viñedo o una bodega se ha convertido en un símbolo de status.










