Por si alguien aún no lo sabía, hay que decir que Costa Rica es el líder mundial en ecoturismo. No se trata solamente de una etiqueta impuesta por su excelente política de marketing, sino de una realidad sostenida por 20 parques nacionales que sorprenden. Esto no debería ocurrir, por ejemplo, con viajeros argentinos, acostumbrados a las 34 áreas naturales protegidas locales. Pero es lo que los costarricenses han sabido construir en estos paraísos lo que seduce.

Verdadera biodiversidad

San José de Costa Rica, la capital del país, es una ciudad variopinta, con matices coloniales y edificios modernos; con costaneras elegantes y barriadas con historia. Desde San José parten decenas de excursiones a la selva o a las playas. Uno de los destinos principales de estas salidas es el que lleva a la Reserva de Bosque Nuboso Monteverde, un sitio que devuelve el peso específico a frases tan trilladas como “un paraíso para amantes de la naturaleza .

Bosques altísimos, con varios pisos de vegetación, albergan al menos 400 especies de aves, más de 100 variedades de mamíferos y están formados por unas 2.500 especies de plantas. Lo de bosque nuboso viene porque, aunque el lugar tiene estación húmeda y seca (por estas zonas primavera u otoño son datos un poco lejanos), las zonas de mayor altura sobre el nivel del mar ocupan laderas pobladas de nubes casi permanentemente.

El sitio indicado para utilizar como base de operaciones en Monteverde es el hotel Fonda Vela, erigido en un claro de un par de hectáreas en plena selva.

Algunos de los productos de ecoturismo más emblemáticos de Costa Rica son el canopy tour o sky walk. ¿De qué se trata? Son dos maneras diferentes de apreciar la riqueza natural de los bosques. En el caso del canopy se utilizan sogas y arneses, para acceder al dosel del bosque, desde donde la perspectiva es absolutamente diferente a la que se obtiene observando desde el llano.

Sky walk, por otra parte, designa un complejo de puente colgantes, plataformas y senderos, construidos dentro del bosque de Monteverde. Las pasarelas facilitan la observación de la flora y la fauna, desde el suelo hasta la copa de los árboles. Han sido diseñados y construidos 1.500 metros de senderos, cinco puentes colgantes, que suman más de 600 metros de longitud, con alturas por encima de los 30 metros. Este sistema ofrece la mejor oportunidad, la más segura, cómoda y relajante para conocer la compleja belleza del bosque tropical.

De regreso al hotel no estará demás hacer un alto en el Jardín de las Mariposas, una exposición de numerosas especies de mariposas endémicas.

Playas de Guanacaste

Nuevamente, la mañana es el momento para emprender un trayecto de aproximadamente cinco horas de duración. No parece demasiado esfuerzo para pasar de un bosque deslumbrante a una de las playas más atractivas de Costa Rica. Tamarindo está ubicada junto al estuario del río que le da nombre. Allí mismo nace la Playa Grande donde las tortugas desovan, con el consiguiente espectáculo que ofrecen los retoños cuando trata de alcanzar el mar. Miles de pequeñísimos animalitos salen a un tiempo para recorrer pocos, pero peligrosos metros. Muchos de ellos alimentarán a sus predadores, los otros nutrirán la belleza submarina del Caribe.

La playa es, sin dudas, el lugar para tomarse un día de descanso luego del raid realizado desde el arribo a San José. Para hacer que la tarea de relajarse resulte más sencilla, puede uno alojarse en el Capitán Suizo, un hotel de lujo diseñado para armonizar con la vegetación exuberante que lo rodea. Los edificios fueron construidos entre y alrededor de los árboles para no tener que cortarlos. En las habitaciones y los espacios compartidos, la playa decora los ambientes a través de los ventanales. La maravillosa presentación del escenario frente a la playa incluye un enorme restaurante al aire libre y un bar con pisos de adoquines decorados con mezclas de agradables colores. Las ocho habitaciones y los 22 bungalows con vista al mar y terraza o balcón conforman un conjunto ideal para quedarse una semana entera en Tamarindo.

Sin importar cuántas jornadas de playa y confort se elija tener, la mejor manera de retornar a San José para tomar el vuelo a casa es en avión. De otro modo, habrá que desandar el camino hecho que suma arriba de 14 horas.

Una vez en San José, conviene tomarse un día para recorrer sus museos colonial, para charlar con su gente amable, pero por sobre todas las cosas, para darle tiempo al cuerpo a que se acostumbre nuevamente a la ciudad porque, se sabe, la naturaleza pura genera adicción.

Datos útiles

Un pasaje aéreo ida y vuelta, en clase turista, hasta San José de Costa Rica se consigue desde u$s 705 en compañías como Copa, Lacsa, Taca y Lan.

Un paquete con alojamiento, traslados y excursiones de una semana se puede conseguir por u$s 1.500. Para mayor información, se puede visitar el sitio web que depende del Instituto Costarricense de Turismo (www.conozcacostarica.com).