Si se le pregunta a Sam Williams qué debería haber hecho distinto Atlanta cuando fue sede de los Juegos Olímpicos en 1996, el presidente de la Cámara de Comercio de la ciudad no lo duda: “Tratar a la prensa con guantes de terciopelo .

Sus palabras reflejan el persistente rencor en Atlanta por la desganada cobertura que los periodistas le dieron a sus Olimpíadas, describiéndola como excesivamente comercializada y mal organizada.

Pero una década después de esos juegos, la ciudad está orgullosa de haber logrado el sueño de la mayoría de los anfitriones olímpicos: un balance impecable. Mientras Montreal todavía está cancelando deudas del evento, realizado hace treinta años, Atlanta tuvo suficiente superávit para organizar un recital gratis en conmemoración del 10º Aniversario de los Juegos Olímpicos 1996.

Barcelona, Sydney y Atenas quizás hayan sido anfitriones mucho más espectaculares, pero mientras Pekín y Londres se preparan para los próximos dos juegos de verano y varias ciudades norteamericanas planean postularse para 2016, será Atlanta a quien deberán recurrir para recibir asesoramiento sobre presupuestos equilibrados.

“La gente nos criticó por ser excesivamente comerciales, pero no teníamos opción porque Estados Unidos tiene una ley que nos impide usar fondos públicos , aseguró Williams. “Todo se pagó con las ventas de entradas y patrocinios .

El resultado fue una Olimpíada barata que no sorprendió al mundo pero evitó que recaiga sobre los contribuyentes el peso de vivir en una ciudad anfitriona. Atlanta organizó el evento por u$s 1.700 millones, comparado con los u$s 14.000 millones de los juegos de Atenas 2004. Londres calcula invertir u$s 9.200 millones para cuando sea sede en 2012, pero el gobierno advirtió que el costo final podría ser superior.

El enfoque de Atlanta se refleja en el legado de bajo perfil que dejaron sus juegos. El estadio olímpico fue parcialmente desmantelado y convertido en un nuevo hogar para su equipo de béisbol, Atlanta Braves. La torre de donde ardía la llama olímpica se ubica en el medio de un estacionamiento de autos que habitualmente utilizan los hinchas de béisbol. El velódromo fue desarmado y mudado a Quebec.

Este enfoque poco sentimental permitió que pocas de sus sedes se queden con construcciones difíciles de mantener, algo que no lograron muchas ciudades que albergaron Juegos Olímpicos. “En Montreal, el estadio es una vergüenza porque sólo se convirtió en un recordatorio de los fondos públicos invertidos , aseguró Jeff Rosensweig, profesor adjunto de finanzas de Emory University, en Atlanta.