En esta noticia
Los grandes fondos internacionales siguen posicionados en deuda argentina en dólares, pero con una estrategia más defensiva: “Sostienen las posiciones, aunque evitan incrementarlas”. Así lo señaló un informe de Banco Comafi, elaborado a partir de reuniones con bancos y gestores de Emerging Markets en Nueva York.
Esto sucedió la misma semana en la que el equipo económico logró la aprobación del Staff-Level Agreement con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El relevamiento concluyó que el apetito por riesgo argentino no desapareció. Por el contrario, el sentimiento hacia la deuda hard dollar se mantiene positivo en términos generales.
En las mesas internacionales, la Argentina es considerada una apuesta válida dentro del universo emergente, sostenida por un conjunto de variables macro que el mercado identifica como favorables: “Superávit fiscal, expectativa de mejora del balance externo, impulsada por el contexto internacional de precios de la energía, avances en la acumulación de reservas y la incorporación de esquemas de financiamiento alternativo con respaldo de organismos internacionales para refinanciar vencimientos”, dice Comafi.
Ese combo es el que sostiene el “trade Argentina”. Sin embargo, el informe introduce un matiz relevante y es que la operación entró en una fase de consolidación.
“Los fondos globales continúan overweight en activos argentinos, pero el posicionamiento dejó de expandirse. Quienes ya están invertidos optan por mantener la exposición, sin agregar riesgo adicional”, consigna el documento. La razón no es un cambio de tendencia, sino una recalibración del potencial de retorno.
El punto clave es que el mercado empieza a percibir que el recorrido de compresión de spreads es más limitado en el corto plazo. A diferencia de otros emergentes, la Argentina no acompañó plenamente la reciente compresión global, aun cuando, según surgió de las reuniones que sostuvo el banco, presenta fundamentos relativamente más sólidos.
Esa divergencia, lejos de abrir una oportunidad inmediata, es leída con cautela pues sin nuevos catalizadores, el upside adicional luce acotado.
En ese contexto, el informe de Comafi identificó una serie de factores que explican por qué los inversores eligen sostener posiciones, pero no ampliarlas.
¿Qué analiza Wall Street?
El primero es el frente crediticio. En las conversaciones con fondos apareció de manera recurrente la preocupación por la calidad de cartera, en particular por el riesgo de aumento de la irregularidad del crédito.
El dato que se destaca es que la mora de las familias se encuentra en niveles máximos históricos, lo que introduce un elemento de vulnerabilidad en el sistema financiero. Este factor no implica un quiebre del escenario, pero sí funciona como un límite para la toma de mayor riesgo.
El segundo eje es la dinámica de la actividad económica. Los inversores siguen con mayor detenimiento el comportamiento de los sectores intensivos en empleo como industria, construcción y comercio, en un intento por aislar el efecto positivo que hoy generan el agro, la minería y la energía. El foco está puesto en la capacidad de recuperación del entramado productivo más amplio, más allá de los sectores que hoy traccionan el crecimiento. La lectura del mercado es que la sostenibilidad del ciclo depende de esa extensión.
El tercer punto es el perfil de vencimientos. El año 2027 aparece como una referencia crítica en la curva de análisis. Los fondos evalúan la capacidad real del Gobierno para implementar una estrategia de “liability management” o manejo de pasivos que permita refinanciar los compromisos y extender la carga financiera más allá del calendario electoral.
Sin mayor visibilidad sobre ese proceso, el incentivo a incrementar posiciones se reduce. Si bien no se trata de una preocupación inmediata, sí es un factor que condiciona decisiones de mediano y largo plazo.
Lo político, la clave
El cuarto elemento es el político. Aun cuando las elecciones presidenciales están a más de un año de distancia, el escenario electoral ya forma parte del pricing. El inversor offshore trabaja con un escenario base de reelección de Javier Milei, pero al mismo tiempo muestra escepticismo respecto a que ese resultado se incorpore en precios de manera anticipada.
En ese marco, los fondos demandan información constante sobre la dinámica política local, en busca de calibrar riesgos que todavía no están completamente definidos.
A estos factores se suma un frente que vuelve a ganar relevancia: el cambiario. El informe señala que la ampliación de restricciones al canje por parte del Banco Central reactivó dudas entre los inversores sobre los tiempos y la viabilidad de una eventual salida de los controles de capital.
Este punto aparece como una inquietud latente que incide en la decisión de no aumentar exposición, especialmente en un contexto donde la normalización del régimen cambiario es vista como una condición necesaria para una compresión adicional de spreads.
En paralelo, el contexto global también hace lo suyo y suma cautela. La escalada geopolítica en Medio Oriente es mencionada como un factor que, en el corto plazo, condiciona el apetito por riesgo. Si bien este elemento no altera la tesis estructural sobre la Argentina, sí impacta en el timing de las decisiones de inversión, al reforzar la preferencia por sostener posiciones antes que ampliarlas.
El resultado de todos estos elementos es un mercado que no se desarma, pero tampoco convalida nuevas subas significativas sin mayor información.
Así, la deuda argentina sigue presente en las carteras globales y mantiene un sesgo positivo en términos de posicionamiento relativo, pero el flujo incremental de capital se torna más selectivo.