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El mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos, el activo considerado históricamente como el refugio más seguro del planeta, atraviesa uno de sus momentos más delicados desde la crisis financiera global y, por supuesto que la Argentina no es ajena a la fuerte venta de títulos estadounidenses.
La suba acelerada de los rendimientos de los bonos largos estadounidenses ya empezó a encender alarmas en Wall Street y reabre un viejo temor: que el costo del dinero global siga al alza incluso aunque la economía desacelere.
El dato que concentra toda la atención del mercado está en el bono del Tesoro a 30 años, cuya tasa ya ronda el 5,14%, cerca del nivel más alto desde 2007 y es el más sensible a la tasa inflacionaria. Para ponerlo en perspectiva, hace apenas cuatro años ese mismo bono rendía menos de 2%.
Detrás del movimiento no hay una sola explicación. Lo que el mercado empieza a descontar es una combinación negativa para los activos financieros: inflación persistente, déficit fiscal récord en Estados Unidos, guerra en Medio Oriente y dudas crecientes sobre cuánto más deberá pagar Washington para financiarse.
Y cuando el bono más importante del mundo empieza a tambalear, el impacto no queda atrapado solo en Wall Street.
Qué significa que suban los rendimientos de los bonos
El rendimiento de un bono funciona, en términos simples, como la tasa de interés que recibe el inversor. Pero hay una particularidad: cuando el precio del bono cae, su rendimiento sube.
Por eso, cuando se habla de “sell off” global de bonos, lo que realmente sucede es una venta masiva de deuda soberana que hace caer los precios y dispara las tasas.
Eso es exactamente lo que ocurre hoy en Estados Unidos, Europa y Japón.
El mercado exige cada vez más retorno para prestarle dinero a gobiernos que necesitan emitir cantidades crecientes de deuda justo en un contexto donde la inflación todavía no terminó de desaparecer.
El mercado que puede complicar a la Argentina
Adrián Yarde Buller, estratega jefe de Facimex Valores, en charla con El Cronista, explicó que lo sucede en el mercado hoy “es un tema recontra clave para la Argentina porque para nosotros puede terminar siendo un verdadero game changer”.
Según explicó, detrás del sell off global de bonos hay al menos tres factores principales. “El primero es más coyuntural y tiene que ver con un mercado que empieza a migrar hacia la idea de que el shock petrolero podría persistir más tiempo de lo esperado”, dijo.
Para Yarde Buller, eso implicaría un sendero de inflación más elevado y menos margen para que la Reserva Federal (Fed) recorte tasas. “Incluso, el debate en algunos sectores de Wall Street ya empieza a girar hacia la posibilidad de nuevas subas”, comentó.
“Todavía el mercado de bonos no discute un escenario donde esto derive en menor crecimiento. Si eso ocurriera, podría ser relativamente positivo para bonos de alta duration, como los argentinos, en términos de tasa base. No necesariamente en spreads, porque en un contexto de desaceleración global también aumenta el riesgo de default”, explicó el estratega.
El segundo factor, sostuvo, está vinculado al cambio de liderazgo en la Fed tras la llegada de Kevin Warsh. “Como todo nuevo presidente de la Fed, tiene incentivos a mostrar autonomía y marcar diferencias con la gestión anterior. Pero en este caso esos incentivos son todavía más fuertes”, señaló.
En ese sentido, recordó que la votación en el Senado para confirmar a Warsh fue extremadamente ajustada, algo que el mercado leyó como una señal de dudas respecto de su independencia operativa. “Warsh va a tener que demostrarle al mercado que efectivamente tiene autonomía para conducir la política monetaria”, afirmó.
Además, remarcó que el nuevo titular de la Fed tiene una visión distinta sobre la comunicación del banco central. “Él es muy crítico de la cantidad de información que la Fed le da al mercado. Cree que hay que mostrar menos las cartas, dar menos proyecciones y menos anticipación sobre los próximos movimientos. Y el mercado no está acostumbrado a eso”.
También recordó que Warsh cuestiona los programas de expansión monetaria del pasado. “Él sostiene que la Fed hizo bien en aplicar QE en su momento, pero nunca dio marcha atrás completamente con esas medidas, por lo que el balance quedó mucho más grande de lo que debería”.
Para el analista, todo eso genera la percepción de que la nueva conducción podría “sobreactuar dureza” en una primera etapa para recuperar credibilidad, especialmente mientras la inflación siga desviada de la meta.
El tercer factor ya es más estructural y tiene que ver con la situación fiscal de las economías desarrolladas. “La insostenibilidad fiscal de los países desarrollados está ahí hace tiempo y en algún momento se va a manifestar”, advirtió.
Como ejemplo, mencionó el caso de Japón. “Si analizamos los niveles de tasa que empieza a mostrar la deuda larga japonesa y los comparamos con el nivel de deuda sobre PBI que tiene Japón, está claro que la ecuación de sostenibilidad no cierra. Y algo parecido ocurre en otros países desarrollados”.
Según indicó, el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) viene alertando sobre este problema desde hace años en sus reuniones internacionales.
“La realidad es que, si este escenario se consolida, no es positivo para la Argentina en términos de reabrir el acceso al mercado. Porque ya te empieza a correr mucho más arriba la tasa base global”, concluyó.
Impacto en emergentes
Según explicó Leandro Monitolla, asesor de inversiones, cuando suben con fuerza los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense se reduce automáticamente el apetito global por riesgo y “eso suele impactar de lleno sobre los mercados emergentes”.
En ese contexto, advirtió que los inversores tienden a desarmar posiciones en deuda soberana y corporativa de países emergentes para volver a activos considerados más seguros en Estados Unidos. “Eso provoca caída en los precios de los bonos, ampliación del riesgo país y un encarecimiento del financiamiento global”, señaló.
“Empiezan a salir flujos hacia Estados Unidos porque el mercado encuentra rendimientos más altos en activos considerados libres de riesgo”, explicó.
En el caso argentino, el impacto suele amplificarse por la fragilidad financiera local y el historial crediticio del país. Según detalló Monnittola, los bonos soberanos, como los globales y bonares, suelen corregir precio con mayor agresividad, “mientras que las obligaciones negociables en dólares también enfrentan presión vendedora”.
Eso, además, empuja al alza el riesgo país y obliga tanto al Tesoro como a las empresas locales a convalidar tasas más elevadas para acceder al financiamiento.