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En las últimas semanas, la deuda soberana en dólares volvió a mostrar debilidad frente a otros créditos emergentes. El movimiento no pasó desapercibido en la City, donde distintos informes empezaron a converger en un diagnóstico: la mejora macro existe, pero no es suficiente para sostener una compresión de los spreads.
Según el último reporte de la consultora 1816, los bonos acumularon dos semanas de bajo desempeño y el riesgo país volvió a acercarse a los 600 puntos básicos (hoy cerca de los 550 puntos), en contraste con un comportamiento más estable del universo emergente.
Para la consultora, el fenómeno responde a una combinación de factores que el mercado empieza a procesar en simultáneo y que exceden el frente inflacionario.
Uno por uno: los factores que preocupan al mercado
- El primero tiene que ver con el financiamiento. En la City crece la percepción de que la Argentina todavía no logra normalizar su plan para enfrentar vencimientos o resulta “insuficiente” para despejar las dudas al respecto.
El uso de garantías de organismos internacionales, lejos de leerse como una señal positiva, generó cierta incomodidad entre inversores, al implicar mayor subordinación para la deuda privada. En paralelo, el stock de deuda con organismos multilaterales se multiplicó en los últimos años, según consigna 1816, lo que refuerza la idea de un esquema que aún depende de fuentes “no tradicionales” de fondeo.
- A esto se suma la dificultad para acumular reservas de forma genuina. Aunque el Banco Central compra divisas a niveles récord, los datos muestran que el sector privado absorbe gran parte de esos dólares a través de la formación de activos externos. En la práctica, esto implica que el superávit comercial no se traduce en un fortalecimiento del balance del organismo, lo que obliga a sostener el esquema con financiamiento externo, ya sea vía emisiones corporativas, provinciales o crédito bancario en dólares.
Asimismo, en el mercado, esta dinámica se interpreta como una señal de fragilidad. No porque el programa económico falle en lo inmediato, sino porque la consistencia del mismo en el mediano plazo se apoya de flujos que no son completamente estables, sino más bien variables.
- El segundo eje que aparece en los informes es el político. Esta variable resuena cada vez más en los bancos de inversión de Wall Street y 1816 advierte que la caída en los indicadores de confianza del Gobierno y el deterioro en la imagen presidencial empiezan a ser incorporados en los precios de los activos argentinos.
- En este contexto, el factor global se convierte en otro frente abierto para los inversores. El informe de Grit plantea que un eventual techo en las tasas de Estados Unidos y una mejora en las condiciones financieras internacionales podrían reactivar el interés por deuda emergente de alto rendimiento, incluyendo la Argentina . Por ahora, ese catalizador no está plenamente presente, lo que deja a los bonos locales sin un viento de cola claro que lleve el riesgo país a niveles cercanos a los de enero pasado (500 pb).
Deuda y política: las dos preocupaciones de Wall Stret
Walter Stoeppelwerth, CIO de Grit, señaló a El Cronista que tras más de 25 reuniones con inversores en Estados Unidos y encuentros con clientes “relevantes a nivel local”, identificaron dos principales focos de preocupación en el mercado.
En primer lugar, destacó la atención puesta en cómo el equipo económico administrará los vencimientos de 2027 y 2028 sin recurrir a los mercados internacionales.
Y advirtió: “Si bien las emisiones de AO27 y AO28 fueron exitosas, con una colocación cercana a u$s 3100 millones, y en las últimas semanas se observó cierta acumulación de reservas, los inversores comenzaron a hacer números”.
En particular, según comentó Stoeppelwerth, los inversores advirtieron que en los primeros cinco meses del próximo año se concentran vencimientos de REPOs (préstamos de corto plazo con garantía) por alrededor de u$s 6000 millones, con pagos de u$s 1000 millones en enero y u$s 5000 millones en abril.
En ese contexto, desde Grit estimaron que en los próximos tres meses la compra de dólares podría ubicarse entre u$s 3500 y u$s 4000 millones mensuales, entre mayo y julio, “lo que contribuiría a mitigar las dudas sobre la necesidad de una emisión internacional en el marco de una estrategia de manejo de pasivos”.
En segundo lugar, y de forma más llamativa, Stoeppelwerth advirtió que el mercado comenzó a poner en duda la reelección de Javier Milei en 2027. Según explicó, existe preocupación respecto de si el deterioro percibido en los ingresos de la clase media y media baja “podría afectar sus chances electorales”.
No obstante, sostuvo que la economía atraviesa una fase de recuperación incipiente. El crédito, tanto bancario como hacia pymes, aún muestra debilidad, con caídas reales de entre 1% y 2%, aunque las proyecciones del sistema financiero apuntan a una expansión de entre 20% y 25% en términos reales entre mayo y diciembre.
A partir de estos datos, consideró que la debilidad actual en consumo y actividad responde más a una foto que a una tendencia estructural.
Sin embargo, remarcó que el mercado “necesita señales más claras de que la economía alcanzó un punto de inflexión, más allá de los sectores que ya muestran dinamismo, como minería, oil & gas y el financiero, y que comience a traccionar el resto de las actividades más sensibles al crédito, como la construcción”.
La City volvió a dividirse entre pesos y dólares
Isabel Botta, Product Manager en Balanz Capital, sostuvo en charla con este medio que la principal preocupación de los inversores “pasa hoy por la incertidumbre electoral”, que se tradujo rápidamente en dos definiciones clave: pesos vs. dólares y corto vs. largo plazo.
Botta explicó que por un lado, se reabrió el debate sobre si conviene continuar con una estrategia de hacer tasa en pesos (para aprovechar el contexto) o comenzar a dolarizar carteras, en un escenario donde la liquidación de la cosecha aporta cierta calma transitoria. “Esta decisión depende, en gran medida, de las expectativas sobre el rumbo político y macroeconómico hacia adelante”, deslizó.
Por otro lado, quienes opten por mantenerse en instrumentos en pesos se enfrentan a una segunda disyuntiva: “Extender duration para capturar mejores retornos o mantenerse en el corto plazo, para priorizar liquidez hasta contar con mayor visibilidad electoral. Esta lógica también se trasladó a las estrategias en dólares”, aseguró la experta.
En ese contexto, Botta señaló que los bonos corporativos (obligaciones negociables) mostraron resiliencia en los últimos años y quedaron relativamente al margen de esta discusión.
En cambio, el foco se concentró en los instrumentos soberanos (bonos) y aquellos más vinculados al riesgo político, “donde muchos inversores evaluaron tomar ganancias en los tramos más comprimidos y redefinir posicionamiento”, en línea con lo que plantea 1816.
Menos rendimiento y más riesgos externos: las dos alertas que sigue el mercado
Por su parte, Dante Ruggieri, socio de AT Inversiones, comentó en charla con este medio que desde el ámbito local, una de las principales preocupaciones a la hora de invertir en el contexto actual es que “los rendimientos ya no resultan atractivos, pues toda la curva de activos en pesos muestra tasas negativas”.
En el plano internacional, la escalada bélica, aún sin resolución, “impulsó una fuerte suba en el precio del petróleo. Si se mantiene en niveles elevados, podría presionar sobre la inflación y, en el mediano plazo, afectar el nivel de actividad”, sentenció Ruggieri.
La estrategia recomendada
Dentro de ese universo, Botta sentenció que surgieron decisiones más tácticas como optar por instrumentos con menor tasa, pero menor riesgo político, como el AO27 (bonar que vence dentro del mandato actual), o asumir mayor rendimiento a cambio de una mayor exposición a posibles cambios en el escenario institucional, como el AO28.
Botta planteó que todas estas decisiones terminar por depender de dos variables centrales: “Las expectativas políticas y el perfil de riesgo de cada inversor, que se son más determinantes que nunca en la construcción de cartera”.
Con este telón de fondo, en la City la conclusión es cada vez más homogénea. La desinflación y el ajuste fiscal ya están en gran medida incorporados en precios. Lo que falta para que los bonos mejoren es otra cosa: señales más claras de acumulación de reservas, acceso genuino al mercado de deuda y estabilidad política suficiente para sostener el programa.
Hasta que esos elementos no aparezcan, el escenario más probable es de estabilización, pero no de rally.