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En determinadas circunstancias, comprar un 0 km deja de ser sólo una decisión de consumo y pasa a evaluarse también como una forma de preservar valor.

La conveniencia de esa elección depende del contexto macroeconómico, de las condiciones de financiamiento y del costo total de tener el vehículo, además del uso que le dará cada comprador, pero veámoslo en detalle.

¿Qué significa reservar valor con un vehículo?

Hablar de “reserva de valor” no es lo mismo que hablar de inversión. Un activo reserva valor cuando, en determinado horizonte, conserva mejor el poder de compra que otras opciones disponibles.

Una inversión, en cambio, busca generar una rentabilidad positiva y medible, idealmente por encima de la inflación y de los costos asociados.

Un auto puede cumplir parcialmente la primera función en escenarios específicos, pero difícilmente la segunda y eso ocurre porque su precio está sujeto a la evolución del mercado y también a la depreciación por uso, al desgaste y a los gastos que aparecen apenas sale de la concesionaria.

Fuente: Freepick
Fuente: Freepick

Cuándo puede convenir comprar un 0 km

Comprar un 0 km puede tener sentido como forma de preservar valor en contextos concretos:

Inflación elevada como escenario de análisis

Si se parte del supuesto de una inflación alta, un comprador puede mirar el auto como una forma de protegerse de la pérdida de poder adquisitivo de los pesos.

En ese contexto, el razonamiento no es “el auto rinde”, sino “prefiero transformar pesos en un bien tangible antes de quedar expuesto a la erosión monetaria”.

Ese criterio sólo tiene sentido si el precio del vehículo acompaña menos que la inflación general o si el bien mantiene relativamente su valor frente a otros activos. Aun así, se trata de una cobertura imperfecta, porque el vehículo también pierde valor por el paso del tiempo y por el uso.

Atraso cambiario o expectativa de devaluación

Otro escenario posible es aquel en el que el tipo de cambio luce atrasado o el mercado anticipa una corrección. En ese caso, quien dispone de liquidez puede preferir adelantar la compra de un bien cuyo precio podría ajustarse más rápido que sus ingresos.

La lógica vuelve a ser defensiva, no especulativa. El auto funciona como un activo real cuyo precio puede moverse con la macroeconomía, pero eso no significa que sea una inversión financiera en sentido estricto.

Financiamiento a tasas reales negativas

Cuando aparece crédito accesible y la tasa real resulta negativa, la compra financiada puede adquirir una lógica distinta. Si las cuotas se licúan con el paso del tiempo y el comprador mantiene ingresos que acompañan la inflación, el costo efectivo del auto puede ser menor que pagar al contado y perder capacidad de compra en otras alternativas.

Aun así, esto depende de que la tasa, los plazos y las condiciones del crédito estén realmente por debajo de la inflación esperada. Si no, la aparente ventaja desaparece rápido.

Promociones de terminales y concesionarias

También puede convenir en contextos de promociones agresivas, bonificaciones comerciales o descuentos que reduzcan el precio final. En ese caso, la decisión se explica menos por la idea de “inversión” y más por una oportunidad puntual de compra.

Estas condiciones suelen ser transitorias. Por eso, el lector debería mirar el costo total y no sólo el precio de lista.

Cuándo no conviene comprar un 0 km

Depreciación desde el primer día

El principal límite del auto como reserva de valor es su depreciación. En muchos casos, el valor de reventa comienza a caer apenas se patentó la unidad, y esa pérdida puede acelerarse según el segmento, la marca, el modelo y el kilometraje.

Por eso, quien compra un auto para “guardar valor” debe asumir que está comprando un activo que se desgasta, no un instrumento diseñado para preservar capital.

Costos de uso y tenencia

Patentamiento, seguro, mantenimiento, neumáticos, servicio y combustible alteran por completo el cálculo. Incluso si el precio nominal del auto sube, el costo total de propiedad puede hacer que la operación sea mala frente a otras alternativas.

En otras palabras: no alcanza con mirar cuánto vale el vehículo en la concesionaria. Es necesario descontar todo lo que cuesta tenerlo.

Mejores alternativas financieras

Si existen activos financieros con rendimientos reales positivos o instrumentos que cubren mejor la inflación, el auto pierde atractivo como forma de resguardo. El problema es que además de depreciarse, inmoviliza capital en un bien de baja liquidez.

El costo de oportunidad puede ser alto: el dinero comprometido en un vehículo podría haber estado generando rendimiento o disponible para una necesidad más flexible.

Escenarios de estabilidad macroeconómica

En un contexto de inflación más baja, tipo de cambio estable y tasas reales positivas, la lógica de comprar un auto para preservar valor se debilita. En ese marco, el vehículo vuelve a ser sobre todo un bien de consumo.

Si el mercado está relativamente ordenado, no hay una razón económica fuerte para tratarlo como cobertura patrimonial.

Comprar o no comprar un 0km: qué mirar antes de decidir

Uso real del vehículo

No es lo mismo comprar para trabajar que comprar para renovar el auto. Si el vehículo genera ingresos o mejora la capacidad productiva del comprador, su evaluación cambia por completo.

En ese caso, el auto puede ser una herramienta de trabajo antes que una “inversión” en sentido financiero.

Horizonte de tenencia

Cuanto más corto es el horizonte, más relevante resulta la pregunta sobre preservación de valor relativo. Cuanto más largo, más pesan la depreciación, el mantenimiento y los cambios en el mercado.

La decisión debe hacerse pensando en el tiempo real de uso, no en una expectativa abstracta de reventa.

Costo de oportunidad

Cada peso destinado al auto deja de estar disponible para otras opciones. Por eso conviene comparar el vehículo con el resto del menú financiero y patrimonial del comprador.

Si el dinero podría colocarse en activos más líquidos o más rentables, el auto tiene que justificarse por utilidad o por cobertura, no por promesas de rentabilidad.

Liquidez y reventa

Un auto no se vende tan rápido ni tan fácilmente como un activo financiero. Además, la reventa suele implicar descuento, negociación y riesgo de pérdida adicional.

Esa menor liquidez es parte central de la decisión y no debería subestimarse.