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Los rendimientos del primer semestre de 2026 contaron una historia elocuente. Los bonos CER (ajuste por inflación) encabezaron el ranking con un 25,1% de retorno en dólares, al ser medidos por contado con liquidación, seguidos de cerca por el plazo fijo UVA (20,2%), los bonos duales (19,7%) y las Lecap (19,6%).
Esto implica que el inversor en pesos, por primera vez en muchos años, ganó sistemáticamente en términos de poder adquisitivo en dólares.
El debate
El debate entre tasa fija y tasa variable se hizo más complejo. Las Lecap (Letras de Capitalización del Tesoro a tasa fija) captaron enorme interés por su predictibilidad y tasas efectivas anuales que superaban el 31%.
Pero a medida que la inflación fue cediendo, los instrumentos CER y UVA, ajustados por inflación, ganaron terreno para quienes desconfiaban de que la desinflación fuera tan rápida como prometía el gobierno.
“La composición de cartera de nuestros usuarios de reflejó un giro estructural: la participación de renta variable pasó del 13% al 80%, desplazando a instrumentos de renta fija como Lecap y bonos CER".
“La baja de tasas del mercado y la búsqueda de cobertura ante la inflación aceleraron esta migración hacia acciones locales, Cedear y otros instrumentos de renta variable”, explica Federico Palmisano, CFO de la fintech Yont.
Apuesta al peso
En 2026 apareció una paradoja interesante: la élite financiera y las gestoras de fondos apostaron por el peso, mientras que el ahorrista promedio siguió refugiado en el dólar.
El 70% de las sociedades gerentes de FCI prefirió estrategias en pesos durante 2026, argumentando que las tasas reales positivas en moneda local y la estabilidad del tipo de cambio hacían al carry trade más rentable que mantener posiciones dolarizadas. El dato de suscripciones, no obstante, reveló que el ahorrista minorista mantuvo su histórico sesgo a favor del dólar.
Carry
El auge del carry trade y el replanteo de la tasa fija versus variable es quizás la transformación más técnica y relevante del período.
El inversor argentino, que históricamente miraba con desconfianza cualquier instrumento en pesos, comenzó a incorporar una lógica de carry trade sofisticado, aprovechando tasas reales positivas en un contexto de inflación en desaceleración.