El riesgo país cerró octubre en 787 puntos básicos, según el indicador de JP Morgan, y registró su mayor suba mensual en más de un año. En el mes acumuló un incremento superior al 28%, y volvió a zonas que no se veían desde las elecciones legislativas de 2025.
La comparación con el piso del año es todavía más contundente. El 10 de julio el indicador había tocado los 403 puntos, su mínimo de 2026. Desde entonces subió 384 puntos, un 95%, en poco más de tres meses, mucho más que el 75% que calculaba el informe de Fundación Capital cuando el índice rondaba los 700 puntos.
El lunes, tras la reelección de Lula da Silva en Brasil, el índice trepó a 765 puntos, un máximo de 2026, y este viernes volvió a superar ese techo. El efecto Brasil fue un disparador, pero la tendencia alcista venía de antes, con subas durante más de dos meses.
Si bien el contexto global influye sobre todos los emergentes, Argentina tuvo la mayor suba de la región. Según un informe de la Fundación Capital, hasta el 21 de octubre el riesgo país de Perú había subido 12% y el de Colombia 9%, mientras que el de Brasil no registraba alzas, en pleno proceso electoral. Ninguna se acerca a la Argentina.
La brecha es amplia también en niveles. Hacia el 20 de octubre, el promedio latinoamericano rondaba los 193 puntos básicos, frente a 684 de la Argentina. Días después del balotaje, el riesgo país de Brasil sumó apenas cinco unidades y quedó en 184, mientras el argentino llegaba a 763. La Argentina se movió muy por encima del resto de la región.
Los factores que empujan la suba
El informe atribuye la escalada principalmente a factores internos y enumera tres motivos concretos. Sin descartar el escenario externo, de tasas altas y volatilidad, advierte que ese entorno limita el apetito por riesgo pero no parece el factor principal de la suba argentina. Las causas, según la consultora, son tres.
La primera causa es la incertidumbre electoral. El Bonar AO27 vence en octubre de 2027 y el AO28, un año después de los comicios. Sus rendimientos implican un riesgo país inferior a 100 puntos hasta 2027 y superior a 1000 para los doce meses siguientes. Esa diferencia de casi 1000 puntos refleja la incertidumbre electoral.
El Cronista recogió estimaciones en la misma línea. Según Max Capital, la continuidad del Gobierno incorporada en los precios ronda el 63%, frente al 80% de julio. Mariva señala que la tasa forward implícita entre el AO27 y el AO28 pasó de 13% en junio a casi 18% en octubre. El mercado descuenta un escenario electoral menos favorable al oficialismo.
La segunda causa es el enfriamiento de la economía. El EMAE cayó 1,7% interanual en agosto y avanzó apenas 0,1% mensual tras el retroceso de julio, mientras el salario privado registrado perdió 2,9% anual y se destruyeron 12.700 empleos asalariados privados en julio. Esa debilidad del consumo puede afectar las expectativas sobre la continuidad del programa.
A esos datos se le suma otro no menos importante:: con los datos desestacionalizados de agosto, haría falta una suba mensual de 8,6% en septiembre para que el tercer trimestre quede plano frente al segundo, por lo que la recesión técnica es prácticamente un hecho. Facimex Valores, además, ubica el debilitamiento de la actividad como la gran preocupación interna, por su impacto sobre la aprobación del Gobierno.
La tercera causa son las dificultades con el programa financiero presentado en julio. El Gobierno interrumpió las emisiones de bonos hard dollar en el mercado local: colocó más de u$s 1000 millones mensuales en abril y mayo, apenas u$s 100 millones en agosto y nada en septiembre y octubre. Esa pausa genera dudas sobre el cumplimiento del programa previsto para 2027.
Las cuentas muestran el problema. El equipo económico había dicho que llegarían a 2027 con u$s 3700 millones, pero el Tesoro tiene unos u$s 900 millones depositados en el BCRA y espera u$s 860 millones del FMI. El desvío estimado es de u$s 2000 a 3000 millones, que podría ascender a u$s 7000-8000 millones si tampoco se colocan bonos hard dollar el año próximo.
Un círculo vicioso
El contexto genera un círculo vicioso: más riesgo país dificulta el programa financiero, y eso vuelve a presionar sobre el spread soberano. A la vez, la economía está estancada, con salarios reales sin espacio para recuperarse, inflación de 1,9% mensual, morosidad elevada e inversión rezagada. Las perspectivas de crecimiento son modestas, por lo que reducir la incertidumbre mejoraría las expectativas.
El peso del factor externo admite matices. Fernando Camusso, de Rafaela Capital, calculó que, desde el mínimo de julio y hasta los 710 puntos, el rendimiento exigido a la deuda larga subió unos 366 puntos: 58 por la tasa de EE.UU. y 308 por la prima país. El factor externo marca la dirección, pero no explica la magnitud.
En ese escenario, ¿hasta dónde puede llegar? Desde Aurum Valores consideraron, antes del último salto, que el riesgo país podría mantenerse entre 700 y 750 puntos mientras no haya cambios relevantes en las condiciones externas o en las perspectivas locales. El cierre de 787 puntos ya superó ese rango, lo que muestra que el contexto se deterioró.
Más moderado era el pronóstico de Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance: preveía que el indicador oscilara entre 550 y 700 puntos durante lo que resta de 2026 y que pudiera avanzar hacia los 800 en 2027, antes de las elecciones. Con 787 puntos, el índice ya roza los 800 que Lazzati veía recién para 2027.
Ese escenario tiene antecedentes que no ayudan: desde Facimex Valores recordaron que el riesgo país no suele comprimirse en años electorales, y estimó que debería perforar los 400 puntos para que el país se financie al 9% con las tasas globales actuales. Con 787 puntos, el acceso a los mercados internacionales sigue cerrado y el Tesoro depende de fuentes alternativas.
¿Y hacia adelante?
Fundación Capital prevé que el Tesoro logrará afrontar sus compromisos en moneda extranjera, con repo o con dólares comprados con pesos, aunque anticipa cierta tensión cambiaria el próximo año. Destaca la última licitación, con $ 6,61 billones adjudicados frente a ofertas por $ 9,49 billones. Fue una señal favorable, aunque buena parte incorporó tasa variable o coberturas.
Para romper el círculo, el informe del centro que comanda Martín Redrado propone cuatro medidas:
- Sostener las compras aceleradas de dólares del Banco Central, para empezar 2027 con una “bazuca propia”.
- Volver a presentar el programa financiero explicando cómo se cubrirán los desvíos.
- Aclarar condiciones y montos de los swaps con EE.UU. y China.
- Y detallar un plan de desarrollo de mediano plazo. Todas apuntan a reducir la incertidumbre.
Hacia adelante, el mercado seguirá atento a tres frentes: la acumulación de reservas, la definición de cómo se cubren los más de u$s 21.000 millones de vencimientos de 2027 y las señales electorales y de actividad. El riesgo país seguirá siendo el termómetro de esa confianza, en un año donde cada dato local pesa más.