BlackRock es la empresa de gestión de activos más grande del mundo, con más u$s 14 billones de dólares bajo administración. Fundada en 1988 por Larry Fink, la firma estadounidense gestiona fondos de millones de personas, de empresas y fondos de pensiones.
En diálogo con El Cronista, Axel Christensen, Director de Estrategia de Inversiones en América latina, sostiene que la desinflación en la Argentina ha sido más lenta de lo esperado, pero considera que el país puede lograr más estabilidad macroeconómica.
¿Qué diagnóstico hace BlackRock sobre la actividad económica en la Argentina?
Desde una perspectiva macro, la Argentina mostró una recuperación significativa en 2025, con un crecimiento del 4,4%, uno de los más altos de América latina. La actividad estuvo impulsada principalmente por el consumo privado y la inversión, tras un período prolongado de contracción. Aun así, el crecimiento ha sido heterogéneo entre sectores, con un mejor desempeño de los vinculados a recursos naturales, como energía, minería y agroindustria, mientras que otras áreas de la economía avanzan de forma más gradual. De cara a 2026, nuestro análisis sugiere que, tras una desaceleración observada en la primera parte del año, la actividad podría acercarse a un punto de inflexión en el segundo semestre, apoyada en factores como una cosecha más fuerte, una recuperación gradual de la inversión y una mejora paulatina del ingreso real. Como en todo escenario macro, estos factores están condicionados por la evolución de la inflación y del contexto financiero.
¿Cómo observan el proceso de desinflación?
El proceso ha sido más lento de lo esperado. La inflación mensual aún no logra ubicarse de forma sostenida por debajo del 2%, influida por ajustes en precios regulados, shocks sectoriales —como en alimentos— y el impacto de factores externos sobre los precios de la energía. Las expectativas inflacionarias siguen siendo elevadas, aunque permanecen algunos anclajes importantes: una política fiscal más estricta, tasas de interés reales positivas y un marco cambiario con reglas explícitas. La clave será la consistencia en el tiempo de estas políticas.
Durante décadas la Argentina tuvo inestabilidad macroeconómica. ¿Cree que empieza a revertir ese proceso? ¿Qué falta aún?
Desde nuestro análisis de largo plazo, la Argentina atraviesa una ventana de oportunidad relevante para avanzar en una mayor estabilidad macroeconómica. En los últimos años se han dado pasos importantes en materia fiscal y de reformas estructurales, que han contribuido a mejorar la percepción de previsibilidad del país entre los inversores internacionales. Dicho esto, el proceso está lejos de estar completo. Persisten desafíos estructurales importantes, en particular en la generación de empleo sostenible, la consolidación de reservas internacionales y la normalización del acceso a los mercados internacionales de capital. También será clave sostener las reformas en el tiempo y mantener consensos amplios que permitan atravesar los distintos momentos del ciclo económico. La diferencia con episodios anteriores es que hoy existe un mayor énfasis en anclas macroeconómicas claras. La prueba fundamental será la consistencia de estas políticas en el mediano plazo.
Fitch subió la calificación crediticia de la Argentina a B-. ¿Incentiva a fondos internacionales a invertir en el país?
Las mejoras en la calificación crediticia suelen ser relevantes porque amplían gradualmente el universo potencial de inversores. En la medida en que Argentina continúe mostrando avances en estabilidad macroeconómica y política, puede acercarse a umbrales que permiten una mayor participación de inversores institucionales globales, dependiendo de sus mandatos y restricciones. En general, una trayectoria de mejora crediticia puede contribuir a reducir el costo de financiamiento y a diversificar la base inversora. Sin embargo, el acceso sostenido dependerá de la evolución de variables clave como la inflación, el crecimiento y la sostenibilidad fiscal.
¿Qué cambia esa recalificación para BlackRock?
Desde una perspectiva de mercado, seguimos de cerca la evolución macroeconómica y financiera de Argentina dentro del contexto más amplio de los mercados emergentes, evaluando cómo los cambios estructurales y macroeconómicos pueden influir en el perfil de riesgo retorno del país a lo largo del tiempo. La normalización de Argentina como destino de inversión es un proceso gradual.
¿Qué inversiones mantienen en la Argentina?
BlackRock tiene exposición a la Argentina a través de distintas estrategias y vehículos globales, incluyendo renta fija, renta variable y ETF. Como parte de nuestro rol fiduciario, no divulgamos información sobre posiciones específicas. Desde un punto de vista estructural, la Argentina cuenta con sectores con potencial de crecimiento de largo plazo, como energía, minería, agroindustria e infraestructura. El RIGI ha atraído más de u$s 70.000 millones en proyectos de inversión comprometidos, lo cual es una señal muy positiva. También existe margen de desarrollo en el sistema financiero, donde la profundización del crédito sigue siendo baja en comparación con otros países de la región. El aprovechamiento de estas oportunidades dependerá de un entorno macroeconómico estable y reglas claras y sostenidas en el tiempo.
¿Consideran que hay atraso cambiario?
Nuestro análisis en BlackRock apunta a un tipo de cambio real que ha venido apreciándose nuevamente. El peso ha operado dentro de la banda cambiaria establecida por el BCRA, lo cual refleja un flujo de dólares positivo por la cosecha y la compra de divisas del Banco Central. Mientras tanto, la inflación mensual se ha mantenido en torno al 3%. Esta apreciación responde a múltiples factores: ingreso de dólares por el sector agroindustrial y energético, tasas de interés reales positivas que incentivan la demanda de activos en pesos y una política monetaria restrictiva respaldada por el ancla fiscal. Dicho lo anterior, las encuestas de expectativas muestran que el mercado espera un dólar a fin de 2026 cerca de un 20% por encima del nivel actual, lo que sugiere que el consenso anticipa una corrección gradual. El desafío será evitar que una apreciación real persistente afecte la competitividad. A diferencia de otras etapas, existen factores estructurales —como el potencial energético y minero— que podrían justificar un tipo de cambio real más fuerte si se traducen en mayores ganancias de productividad. La clave estará en la consistencia de las reformas y el control de la inflación.
¿Cómo está impactando en los mercados el contexto global?
El aumento del riesgo geopolítico, en particular en Medio Oriente, ha elevado la incertidumbre global y presionado los precios de la energía al alza. Esto puede traducirse en mayores presiones inflacionarias y condiciones financieras más restrictivas a nivel internacional. Los mercados están procesando dos fuerzas simultáneas: por un lado, el impulso estructural vinculado a la inversión en tecnologías como la inteligencia artificial; y por otro, shocks de oferta, especialmente en energía. Esto genera una mayor dispersión entre países y sectores.
¿Cuáles son los países ganadores y cuáles los perdedores?
En América latina, los países exportadores netos de commodities tienden a verse relativamente favorecidos, mientras que los importadores de energía o economías con menor espacio fiscal pueden enfrentar mayores desafíos. Los fundamentos de muchos mercados emergentes son hoy más sólidos que en episodios anteriores, con bancos centrales más creíbles y marcos fiscales más prudentes.
Puede la adopción y el uso de criptomonedas dinamizar y aumentar los flujos de dinero desde y hacia América Latina?
La innovación financiera, que incluye criptomonedas, stablecoins y tokenización de activos, es una tendencia relevante a nivel global. América Latina presenta características que pueden favorecer su adopción, como una alta penetración de tecnología móvil y una población históricamente sub‑bancarizada en algunos segmentos. Las tecnologías basadas en blockchain pueden reducir costos y tiempos en pagos y remesas, con potencial impacto positivo en sectores como fintech, comercio electrónico y servicios financieros. Sin embargo, también conllevan riesgos: alta volatilidad, marcos regulatorios aún en desarrollo y desafíos en materia de protección al inversor. Desde BlackRock, creemos que el potencial transformador de esta tecnología depende de una adopción responsable, respaldada por regulación clara, infraestructura adecuada y educación financiera.