
En los deportes, hay fórmulas que hacen historia: si una personalidad ganadora logra un desempeño extraordinario en un momento crucial para el juego en que compite, nace una leyenda. Una escena así se vivió cuando Rory McIlroy, el golfista de 22 años de Irlanda del Norte, pisó fuerte en el campo del Congressional Country Club en Bethesda, Maryland, y se quedó con el Abierto de Estados Unidos con una actuación que quebró récords.
Durante los cuatro días, sus drives, chips y putts hicieron a los comentaristas deportivos usar todos los superlativos que pudieron imaginar. Al terminar con 16 bajo par en 72 hoyos, McIlroy estableció un récord para el mejor score en el Abierto norteamericano. Su total de 268 golpes para los cuatro días también fue otro récord, como lo fueron sus tarjetas después de los 36 y 54 hoyos.
Además, el golfista logró vencer a sus propios demonios. En abril, en el Masters, se derrumbó en la última vuelta y perdió sus cuatro golpes de ventaja. Esta vez McIlroy siguió adelante en un campo que parecía doblarse y estirarse siguiendo su voluntad.
También hubo un toque emocional, ya que la victoria fue en el Día del Padre y su padre, Gerry, quien llegó a trabajar en tres empleos diferentes para que su hijo pudiera seguir la carrera de golfista, estaba presente para celebrar con él. Sin embargo, así cómo la industria de los deportes puede convertir rápidamente a alguien en una estrella, también puede elevar a sus nuevos héroes a alturas insostenibles.
Mientras McIlroy elevaba el trofeo de plata hacia el cielo soleado, los especialistas en marketing ya estaban estimando el potencial de ganancia de su carrera y los historiadores del golf estimaban si podía establecer otro récord y ganar más campeonatos que Jack Nicklaus, que tiene 18 en su haber. Pero la pregunta más apremiante, y tal vez la más práctica que se hacían los fanáticos y los sponsors del golf era si McIlroy tiene lo que hace falta para reemplazar a Tiger Woods como la cara que representa a su deporte.
No es una sorpresa para nadie que el golf esté desesperado por encontrar un salvador. Tiger Woods -multirracial, espléndido y meticulosamene comercializado- dominó el deporte durante una década. Pero cuando su vida personal hizo implosión, la imagen del golf recibió un golpe que la sacó del green. Quedó en evidencia que el jugador cabal del juego perfecto tenía fallas profundas. Ni su reputación ni su juego se han recuperado.
McIlroy, con sus pecas, su mata de pelo, su nariz puntiaguda y sus ojos inocentes, parece improbable como sucesor de Woods, lo que puede ser una ventaja. En lugar de tratar de imitarlo, es libre de ser él mismo. Y, como es más bien un recién llegado al campo profesional, no está deslumbrado por Woods.
Nacido un 4 de mayo en un suburbio de Belfast, se supone que golpeó un drive de 40 yardas cuando tenía sólo dos años. Su padre, que reconoció que tenía un prodigio entre las manos, trabajó extra para brindarle el mejor equipamiento y permitirle viajar para participar de torneos. Ya adolescente, empezó a dominar en las competencias de amateurs y se convirtió en profesional a los 18 años. Desde entonces, ha conquistado a los aficionados al deporte por su humildad. En las primeras tres rondas del Abierto caminó en torno al green con una sonrisa, saludando a la multitud.
Sin embargo, cuando se le preguntó si quería ser el próximo Woods, no retrocedió. "Me encantaría sobresalir, pero Tiger ha sido lo mejor de la historia para el juego del golf". Pero, incluso en medio de su ejercitada humilidad, sugirió que el momento de Tiger ha pasado: "Tal vez pueda emular un poco su éxito. Aunque no creo que sea nunca tan grande para el juego como es él, o como ciertamente fue".
Si logra ganar una serie de torneos, parece listo para liderar en el mundo del golf. Además de lo que ha ganado, que ya totaliza más de u$s 10 millones, se beneficiará con lucrativos contratos con sponsors y con medios de comunicación. Los expertos en marketing deportivo estiman que desde la implosión de Woods, este deportista perdió entre u$s 8 y 10 millones anuales en contratos de publicidad. McIlroy podría quedarse con eso. Algunos de estos expertos han dicho que, dada su edad, McIlroy podría ganar u$s 1.000 en el término de su carrera. Algunos de sus sponsors actuales, como por ejemplo Jumeirah, la cadena de hoteles de lujo de Dubai, ya vinculan su marca con el pronosticado ascenso de McIlroy.
"Más allá de las obvias proezas golfísticas, vemos muchas otras cualidades en Rory que lo aproximan a la marca Jumeirah: es joven pero maduro, contemporáneo pero clásico, presta atención a los detalles para lograr la excelencia, pero tiene un gran sentido de la diversión. Rory seguirá adelante para conseguir mucho más en su carrera", dijo la compañía tras el último triunfo. Sin embargo, en el sector del marketing deportivo dicen que es demasiado pronto para coronarlo como el próximo rey del golf. "No pongamos el carro delante del caballo: ha ganado un torneo", comentó David Abrutyn, director gerente del negocio de consultoría global de IMG, el grupo de marketing especializado.
En el golf, hubo muchos jugadores deslumbrantes con un único triunfo. Todd Hamilton ganó el abierto de Gran Bretaña en 2004, pero ahora está 199 en el ranking. Tampoco es suficiente ser muy bueno; Vijay Singh, "el gran fijiano", tuvo una muy buena racha y estuvo primero en el ranking como el mejor jugador del mundo durante 32 semanas, en 2004 y 2005. Pero ahora su estrella se ha desvanecido. Incluso si McIlroy puede evitar que la carga de las expectativas lo afecte y consigue tener un desempeño excelente durante un período largo, tendrá que sortear una serie de trampas de arena en su carrera.
El propio Jack Nicklaus hizo una advertencia después de la proeza de McIlroy. "Será, y en realidad ya es, una celebridad, pero primero es un golfista. En esta época, esto es muy difícil. Tiene que asegurar que para él el golf es lo primero", dijo Nicklaus.
También está el hecho inevitable de que el golf es un deporte difícil. El golf es duro. No sólo tiene que jugar en el campo durante un torneo, sino que tiene que jugar en los otros 100 grandes campos de golf del mundo, semana tras semana, agregó Abrutyn.
En cuanto a este aspecto, McIlroy tiene una ventaja: ha jugado al golf desde que era un niño. Material de la BBC recién descubierto lo muestra en 1998, cuando tenía nueve años, en el campo de golf luciendo un equipo Nike y proclamando que su meta era convertirse en profesional y ganar todos los Majors.
Con su extraordinario desempeño en el último gran torneo ya está en parte ahí, pero para convertirse en el próximo Tiger Woods, o sea en la cara del deporte, y tal vez también en multimillonario, tendrá que tener más actuaciones como la del Abierto de Estados Unidos y menos como la desastrosa de Augusta. Su récord reciente muestra una victoria espectacular y un derrumbe espectacular. Todavía no está claro cuál representa un desvío de la normalidad.











