
Minebea no es muy conocida, pero es una de las muchas compañías japonesas que proveen los componentes para los productos a los que después firmas más famosas del mismo origen les ponen sus etiquetas y exportan al resto del mundo.
Fue una de las primeras compañías japonesas en salir al exterior: estableció enormes operaciones en Tailandia y cerca de Shanghai, en China. Sin embargo, el acero que Minebea usa para fabricar sus rulemanes es japonés, porque necesita acero de muy alta calidad. Pero un alto ejecutivo de la empresa japonesa ha expresado su preocupación porque cree que China prohibirá las importaciones de Japón por temor a la radiación.
Ya sea que este temor de los chinos tras el desastre en la planta nuclear sea legítimo o simplemente oportunista, es sólo un ejemplo de cómo se pondrá a prueba en los próximos meses hasta qué punto el mundo depende de los productos japoneses y en qué medida otros podrán aprovechar la ocasión para reemplazar la orgullosa etiqueta Made in Japan. Si lo logran, la balanza comercial de Japón y su superávit de cuenta corriente se reducirán, lo que dejaría al país con menos capital para invertir afuera.
Las firmas bursátiles ya recomiendan comprar acciones de cementeras y mineras chinas porque estiman que Japón no podrá cubrir sus propias necesidades, y mucho menos las del resto del mundo. Aunque aun es pronto para determinar si es así, las compañías chinas, coreanas y taiwanesas se preparan para cubrir lo que probablemente será algo más que una interrupción temporaria en el flujo de mercadería japonesa.
Los empresarios estiman que el suministro de energía será inferior a la demanda durante todo el verano boreal. Japón exportará menos e importará más y por lo tanto es probable que sus productos y su capital importen menos en el mundo.
Internamente, la producción industrial se achicará y crecerá la importación de alimentos, aunque muchos restaurantes de Tokio están a oscuras y vacíos porque los clientes han huido a lugares más seguros.
Japón es especialmente vulnerable porque el concepto de diversificación nunca se arraigó de verdad. Su estructura es muy centralizada: todo pasa por Tokio. Los economistas de JPMorgan han pronosticado una caída de 10% en la producción industrial en marzo, lo que cuadruplica la declinación que se vio tras el terremoto en Kobe.
También es posible que los acontecimientos de las últimas semanas sirvan para sacudir a Japón de su apatía. Pero las comunidades rurales aisladas que se vieron contrastan con los estereotipos del deslumbrante Tokio. Ahora las luces se apagaron y pasará tiempo antes de que vuelvan a encenderse en la capital de Japón.











