Vladimir Putin llegará a Beijing este martes para mantener conversaciones que espera que conduzcan a un aumento sustancial de las exportaciones energéticas rusas a China, impulsando aún más unas relaciones que, según el Kremlin, ya alcanzan “un nivel sin precedentes”.

El viaje de Putin a China, que según el Ministerio de Asuntos Exteriores chino será su vigésimo quinto al país, subraya sus estrechos lazos con Xi Jinping pocos días después de que Donald Trump protagonizase la primera visita de un presidente estadounidense a China en nueve años.

El largo tiempo retrasado gasoducto Power of Siberia 2 (PS2), con una capacidad de 50.000 millones de metros cúbicos anuales y que conectará los yacimientos rusos que abastecían a Europa con China, será el eje central de conversaciones “serias” y “muy detalladas” entre Putin y Xi, según informó el Kremlin.

Los analistas señalan que los crecientes problemas económicos de Rusia cuatro años después de la invasión a gran escala de Ucrania aumentan la probabilidad de que Putin y Xi cierren un acuerdo para la construcción del gasoducto PS2, considerado la única oportunidad real del gobierno de Putin para compensar parte de las exportaciones perdidas a Europa.

El pasado mes de septiembre, Rusia y China firmaron un “memorando sobre la construcción” del gasoducto, tras lo cual los ingenieros de Gazprom comenzaron a trabajar en los diseños técnicos. Sin embargo, ambos países se han mantenido en un punto muerto con respecto al precio que Beijing pagaría por el gas y el volumen que se comprometería a comprar.

Este mes, Putin afirmó que Rusia y China estaban cerca de dar “un paso serio y muy sustancial en materia de petróleo y gas”, añadiendo que se “alegraría mucho” si se cerrase un acuerdo durante la visita.

“Este es el mejor momento posible: China lo necesita más que nunca y Rusia se encuentra en una situación desesperada, buscando nuevas fuentes de ingresos", afirma Alexander Gabuev, director del Carnegie Russia Eurasia Center de Berlín.

Rusia ya es el principal proveedor de crudo de China, representando el 20% de las importaciones. En los últimos años, China también ha sido el mayor comprador de crudo iraní. Un tercio de sus importaciones de petróleo y el 25% de sus importaciones de gas pasan por el estrecho de Ormuz, que permanece prácticamente cerrado desde el inicio de la guerra.

La guerra en el Golfo Pérsico impulsó a China a diversificar sus fuentes de energía, según Vasily Kashin, profesor de la Escuela Superior de Economía de Moscú.

La interrupción del suministro de petróleo procedente de Oriente Próximo provocada por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán también podría pesar más que la preocupación china por una excesiva dependencia de la energía rusa. Ante la creciente escasez de energía, China registró en abril un marcado aumento de la inflación y un drástico debilitamiento de la actividad económica interna.

Si bien Putin instó a los exportadores de energía a expandirse en los mercados asiáticos, Rusia no podrá sustituir por completo las importaciones chinas de petróleo de Oriente Próximo, afirma Kashin.

Una fuente familiarizada con el asunto expresa dudas de que China y Rusia lleguen a un acuerdo sobre el precio del gas suministrado por el gasoducto PS2, dado que Beijing exige un precio similar a los niveles fuertemente subvencionados del mercado interno ruso.

A China también le preocupará que el consumo de gas haya “tocado techo” y se mostrará reacia a un compromiso a tan largo plazo, añade la fuente.

“China se encuentra en una posición muy ventajosa porque Rusia se ve obligada a recurrir a ella una y otra vez. Es indispensable”, afirma.

Rusia ya es el principal proveedor de crudo de China, representando el 20% de las importaciones.Bloomberg

El Kremlin ha asegurado tener “expectativas sumamente serias” para la visita, que forma parte de una serie anual rotativa de reuniones de alto nivel entre Putin y Xi. Los líderes también tienen previsto reunirse tres veces más este año en cumbres multilaterales.

Yuri Ushakov, asesor de política exterior del presidente ruso, ha declarado a la prensa que las posturas en política exterior de Rusia y China son “básicamente idénticas” y que sus relaciones alcanzan un “nivel sin precedentes”.

Ushakov insiste en que la fecha de la visita —tan solo unos días después de la partida de Trump de Beijing— es una coincidencia y afirma que los sólidos lazos de Rusia con China podrían contribuir a estabilizar las relaciones internacionales.

“En el contexto de la crisis en Medio Oriente, Rusia mantiene su papel de proveedor fiable de recursos energéticos y China el de consumidor responsable”, ha declarado, según Interfax.

La delegación rusa, compuesta por 39 miembros, tiene previsto reunirse con sus homólogos chinos el miércoles. Putin y Xi firmarán unos 40 documentos antes de concluir con un encuentro informal para tomar el té y abordar asuntos internacionales.

La semana pasada, Trump también compartió un té con Xi en Zhongnanhai, el exclusivo complejo ubicado en el centro de Beijing que alberga la sede del Partido Comunista, antes de recorrer un jardín donde, según el líder chino, ha recibido a Putin en anteriores ocasiones.

Putin también tiene previsto reunirse con un ingeniero chino que posó para una foto con él cuando tenía 10 años durante la primera visita del presidente ruso a China en el año 2000. Este encuentro busca subrayar sus profundos lazos con el país.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de China afirma que la visita de Putin supone “una oportunidad para seguir impulsando el desarrollo de las relaciones entre China y Rusia a un nivel más profundo”.

La relación entre Rusia y China se fortalació en los últimos años, espoleada por la antipatía mutua de ambos países hacia Estados Unidos.

Beijing ha brindado a Moscú un salvavidas económico al aumentar las compras de energía rusa y suministrar componentes vitales para el esfuerzo bélico de Putin, además de ayudar a Rusia a eludir las sanciones occidentales dirigidas a aislarla de los mercados financieros y las cadenas de suministro globales.

El déficit presupuestario de Rusia se ha disparado este año como consecuencia de una inflación descontrolada, el creciente coste de la guerra en Ucrania y una caída interanual del 38% de los ingresos por exportaciones de energía.

China ha incrementado sus importaciones de petróleo ruso en un 35% este año, mientras que el comercio total entre ambos países aumentó casi un 20% en el mismo período, superando los 85.000 millones de dólares.

Gabuev afirma que gran parte de este crecimiento probablemente se deba a la dependencia rusa de la importación de componentes chinos para su esfuerzo bélico.