En esta noticia
El autor es fundador y director ejecutivo de Trivariate Research
En los últimos años, el mercado bursátil de EE.UU. ha sido remodelado drásticamente por fuerzas que van desde los cambios en el comercio global hasta el auge de la inteligencia artificial. Las estrategias de los inversores deben evolucionar en consecuencia.
Algunos inversores podrían preocuparse por cambiar su enfoque de inversión en el momento equivocado. Pero la dinámica del mercado ha cambiado, y hay evidencia suficiente para concluir que muchos de esos cambios son estructurales. Si bien hay decenas de ejemplos, aquí presentamos cinco tendencias a las que los inversores deben prestar atención.
Gestión del riesgo de las giga-caps
Uno de los cambios más evidentes y llamativos es la concentración del poder de mercado en un puñado de empresas masivas: las giga-caps. Se trata de compañías valuadas en u$s 1 billón o más, cuyo desempeño ha opacado al de otras acciones, creando un mercado extremadamente concentrado —el más concentrado en la vida de cualquier gestor de cartera activo en EE.UU. Hoy existen 11 acciones en EE.UU. con una capitalización bursátil de u$s 1 billón o más. Pronto podrían sumarse más, con las ofertas públicas iniciales de empresas de inteligencia artificial.
La gestión del riesgo en torno a las giga-caps se ha vuelto primordial. Históricamente, los gestores de carteras activos prosperaron gracias a apuestas a veces contrarias para generar alfa —es decir, el grado de rendimiento superior al mercado atribuible a la habilidad del gestor. Sin embargo, el dominio de estas compañías crea un entorno en el que unas pocas inversiones pueden impactar significativamente el desempeño de la cartera.
Esta concentración exige una reevaluación de las heurísticas de inversión tradicionales y requiere que los gestores de carteras referenciados al S&P 500 u otro índice de mercado amplio mantengan posiciones sustanciales por razones de gestión del riesgo.
El auge de las acciones basura
Si bien las acciones de alta calidad han sido durante mucho tiempo la opción preferida de los inversores conservadores, el período posterior a la pandemia de Covid-19 puso esta noción patas arriba. Las acciones de menor calidad —o “basura”—, evaluadas en función de factores como el rendimiento del flujo de caja libre, los ingresos por dividendos y los niveles de deuda, han superado a sus contrapartes más reputadas. Este cambio refleja un entorno de mercado en el que asumir riesgos ha sido recompensado.
La acción basura mediana ha visto expandirse su múltiplo de valuación precio-ganancias desde la pandemia. La acción de alta calidad mediana, en cambio, ha atravesado una serie de ciclos de contracción de múltiplos. ¿Por qué? En parte responde al viejo relato del mercado de que mantener alta calidad no es recompensado, pero mejorar de una calidad baja a media sí lo es. La tendencia se ha acelerado en los últimos años.
Las revisiones de ganancias vuelven al foco
La tendencia de seguir las revisiones de ganancias ha cobrado renovada importancia. En las décadas de 1980 y 1990, comprar acciones que acababan de experimentar una revisión alcista de ganancias era una estrategia sólida. Posteriormente, esta práctica perdió efectividad y llegó a considerarse retrospectiva.
Sin embargo, se ha observado una tendencia creciente: las empresas que logran superar las expectativas de ganancias tienden a repetirlo en trimestres posteriores. Y los inversores parecen haberlo reconocido en los últimos años, con tales acciones mostrando un rendimiento superior.
El poder de las recompras
En el pasado, las recompras de acciones fueron criticadas a veces como un uso poco eficiente del capital, y muchas empresas enfrentaron escrutinio por el mal timing de sus recompras. Sin embargo, desde 2021, los inversores han comenzado a recompensar más este tipo de operaciones.
Cuando las empresas realizan recompras, señalan su confianza en el crecimiento futuro, lo que puede generar una reacción positiva del mercado. El desempeño bursátil de las empresas que llevan a cabo recompras ha mostrado una mejora marcada en comparación con las que no lo hacen.
Los aumentos de dividendos importan más que nunca
Otra tendencia significativa es el renovado interés en las acciones que pagan dividendos. Nuestra firma analizó el desempeño de acciones en relación con el promedio de su grupo sectorial tras el anuncio de un aumento de dividendo. Si bien esto generalmente no generó rendimientos superiores entre 1999 y 2010, y tuvo un impacto mixto entre 2011 y 2019, en los últimos años se observa una superación lenta y sostenida para las acciones que incrementan sus dividendos. Este cambio sugiere que los inversores podrían estar valorando flujos de ingresos confiablemente crecientes en tiempos de incertidumbre.
Los inversores deberían considerar integrar el crecimiento de dividendos —no solo su nivel— en sus decisiones de cartera. Las acciones con ese tipo de crecimiento ofrecen no solo estabilidad, sino también diversificación, dado su bajo nivel de correlación con el tema de la IA que domina la renta variable de EE.UU.
Los panoramas de inversión siempre cambian y, por supuesto, el rendimiento pasado no garantiza el rendimiento futuro. Pero estas tendencias deberían tener poder de permanencia. Los inversores que busquen exposición a renta variable más allá de los fondos indexados deberían considerar cómo afectan a sus carteras.
