
Si los exportadores de commodities tenían sus esperanzas puestas en que el crecimiento de China se aceleraría, este lunes no fue un buen comienzo de semana.
Los decepcionantes datos del PBI durante el primer trimestre provocaron gran decepción a países altamente exportadores como Australia, Brasil e Indonesia.
Tal como señaló un inversor, para la economía global estos datos son malas noticias. Los exportadores de materias primas están en problemas, especialmente aquellos cuyas ventas de commodities a China representan un alto porcentaje de sus exportaciones totales. Yo estaría muy preocupado por países como Brasil, Indonesia, Australia y similares.
El actual nivel de crecimiento del producto bruto interno de China es adecuado para China, pero no lo es para las monedas de esos países antes mencionados.
De hecho, el dólar australiano retrocedió el lunes, cayó más de 0,6% contra el dólar estadounidense. Y este menor crecimiento tiene mayores implicancias para Australia (cuyos analistas del mercado cambiario aseguran que esa divisa está sobrevaluada), donde algunos proyectos de inversión en recursos naturales están siendo cancelados porque son considerados no viables.
La pregunta es cuál es el impacto de esta desaceleración para las compañías globales con operaciones en China. Lo más probable es que el menor ritmo no sea bueno para ellas.
El menor potencial de crecimiento también obligará a las compañías que operan en China a reconsiderar sus modelos de negocios, que en general se basan en altos niveles de deuda e inversión.
Sin embargo, dentro de China un crecimiento más lento no genera tantos problemas por cinco razones:
1. Los números dados a conocer el lunes llevaron a muchos economías a reducir sus pronósticos, pero no todos reaccionaron de igual manera. Los profesionales de UBS se mantuvieron firmes y aseguraron que en el futuro se producirá una gradual recuperación, a medida que vaya disminuyendo la campaña por la austeridad del gobierno; continuará la fuerte expansión del crédito y se estabilizará la reducción de stocks.
2. El gobierno mismo no se muestra preocupado. Comentarios del premier Li Keqiang del domingo indican que Beijing está concentrando de lleno en las reformas, al mismo tiempo que el nuevo liderazgo intenta conducir a China hacia una economía más sustentable basada en el consumo, la cual debe ser más beneficiosa para los chinos y para el crecimiento global en el largo plazo.
3. Las severas medidas contra la corrupción, transformadas en políticas para contener el generoso gasto de los funcionarios del gobierno, constituyen una de las causas de la desaceleración económica y no está nada mal que sea así.
El impulso en pos de la austeridad en parte es un intento por poner dinero en los bolsillos de los chinos comunes y corrientes y darles a los funcionarios del gobierno menos razones para ser corruptos.
4. Las medidas para desinflar una burbuja inmobiliaria que se está formando también son bienvenidas: con sólo mirar las burbujas en el mercado de vivienda de Estados Unidos y varios países miembro de las eurozonas quede claro que generan gran sufrimiento cuando estallan.
5. Un crecimiento de 7,7% sigue siendo muy bueno, especialmente comparado con lo que viene registrando gran mayoría de las economías del Grupo de los 20 países en desarrollo.











