
El desempeño económico que tuvo Margaret Thatcher entre 1979 y 1990 (que comenzó y terminó con una recesión y en el medio se produjo un auge) coincidió bastante con el resto de la historia de la posguerra de Gran Bretaña. Pero si se observan únicamente los agregados económicos se pierde noción de la importancia de los años ochenta y el duradero legado que dejó el período.
Patrick Minford, el compañero de viajes de Thatcher y profesor de Economía en la Escuela de Negocios de Cardiff, comentó: Para quienes no vivieron en los setenta es difícil comprender el legado, que no sólo ha sido derrotar la inflación. Ella transformó el lado de la oferta de la economía británica.
Elegida en 1979 después del Invierno del Descontento, la gestión económica de Gran Bretaña en ese momento consistía en una elaborada serie de medidas apuntadas a apagar incendios en plena caída. Thatcher heredó políticas de ingresos y precios que tapaban la inflación, tipos de cambio que evitaban una batalla cambiaria y el uso de la política fiscal para manejar la demanda; y ella descartó el lote completo.
Las altas tasas de interés y la ajustada política fiscal de la estrategia financiera de mediano plazo, la primera encarnación del monetarismo thatcheriano, colocó a la economía en una profunda recesión, generó más de tres millones de desempleados, diezmó la industria manufacturera del norte de Inglaterra y borró la inflación del sistema.
El crecimiento que se produjo en la segunda mitad de la década de los ochenta estaba geográficamente concentrada en Londres y el sudeste de Inglaterra, dominada por el espectacular alza del consumo de los hogares a raíz del boom de los precios de las viviendas y del petróleo del Mar del Norte.
Entre el segundo trimestre d
e 1979 y el cuarto trimestre de 1990, el crecimiento promedio anual de la economía fue de 2,3%, nada mejor a la norma británica de la posguerra. Si bien el ritmo de expansión estaba lejos de ser excepcional comparado con el pasado de Gran Bretaña, los economistas de izquierda y derecha tienden a coincidir en que el legado es mucho más impresionante en comparación con el desempeño contemporáneo de otros países.
Mientras los ingresos per cápita del Reino Unido bajaban en relación a los de Estados Unidos entre 1950 y 1979, otras economías líderes de Europa (Francia, Alemania e Italia) se recuperaban. Pero a partir de los 80 el estándar de vida británico subió más que otras grandes economías de la UE y sólo dejó de mejorar en relación a EE.UU. cuando comenzó la crisis financiera de 2007.
Lo que apuntalaba este progreso era el incansable foco puesto en que la economía debía funcionar mejor en relación con las fuerzas del mercado. Esta revolución del lado de la oferta fue el cambio más importante que produjo ella en la economía, aseguró Sir Alan Budd, asesor económico del Tesoro durante parte de los noventa.
No se puede ir en contra de los mercados, fue la respuesta de Thatcher al deseo de Nigel Lawson de pegar la libra esterlina al marco alemán, pero en su gobierno ese concepto se aplicó a todos los aspectos de las políticas y se ha extendido durante treinta años, aseguró Jonathan Portes, director del Instituto Nacional de Investigación Económica y Social.
Las fuerzas del mercado lograron mejorar el desempeño relativo de la economía británica, pero ese avance provocó daños colaterales y efectos secundarios inesperados. El más evidente fue el enorme aumento de la desigualdad, provocada por las disparidades salariales; y la desregulación en el sector de servicios financieros impulsó aún más ese proceso.
Muchos nunca se recuperaron del deterioro industrial de principios de los 80. Y el legado de los altos precios inmobiliarios afecta a muchos británicos.
Según el profesor Minford, esos problemas nuevos (algunos relacionados con el período Thatcher) demuestran que los problemas del lado de la oferta nunca mueren. En los 23 años desde que Thatcher dejó el poder, Gran Bretaña ha sido más capaz que muchas economías de seguir adelante con los cambios, sabiendo que el beneficio en el largo plazo pesa más que el sufrimiento en el corto plazo.











