

Con la Semana Santa a la vuelta de la esquina, los fogones de toda España se preparan para recibir uno de los rituales más arraigados del recetario popular. El olor a leche con canela, la textura dorada del pan frito y el toque dulce del azúcar espolvoreado son señales inconfundibles de que las fechas festivas han llegado.
Las torrijas ocupan un lugar central en esa tradición. Se preparan en millones de hogares durante estas semanas, con variantes que van desde las más fieles al recetario de toda la vida hasta versiones que incorporan nuevos ingredientes para actualizar el resultado sin perder la esencia del plato.
Quien conoce bien ese equilibrio entre tradición e innovación es una de las reposteras más queridas del país. Eva Arguiñano ha compartido en los últimos días los secretos de su receta y, como era de esperar, hay un detalle que lo cambia todo.

Qué son las torrijas y de dónde vienen
Las torrijas son uno de los postres más antiguos y populares de la gastronomía española, con una presencia especialmente fuerte durante la Semana Santa. Su receta base es sencilla: pan del día anterior empapado en leche aromatizada, rebozado en huevo y frito en aceite, para terminar espolvoreado con azúcar y canela.
Su origen se remonta al siglo XVI en Madrid, donde se utilizaban como alimento nutritivo para mujeres en periodo de recuperación tras el parto. Con el tiempo pasaron a ser un símbolo de las semanas de abstinencia de carne, cuando el dulce y el pan tomaban protagonismo en las mesas.
Hoy, la receta ha dado lugar a infinidad de variantes. Algunas incorporan miel, vino dulce, frutas o aromas distintos. El debate sobre qué tipo de pan es el más adecuado para obtener el mejor resultado sigue siendo uno de los más vivos entre los aficionados a la cocina.

Cómo preparar las torrijas de Eva Arguiñano
La clave de la versión de Arguiñano está en dos decisiones concretas: el tipo de pan y el aroma de la leche. “Las torrijas más ricas no se preparan con pan duro, se utiliza pan brioche y vainilla”, ha explicado la cocinera vasca.
El pan brioche, enriquecido con mantequilla y huevos, tiene una miga más tierna y esponjosa que la del pan convencional. Esa textura permite una absorción más uniforme de la leche y da lugar a torrijas más jugosas en el interior. “Son unas torrijas que gustan mucho y están muy de moda”, asegura la chef.
En cuanto a la leche, Arguiñano la infusiona con vainilla y canela antes de usarla para empapar el pan. La vainilla introduce un matiz dulce y delicado que profundiza el sabor del conjunto. Además, opta por cocinar las torrijas a la plancha con un chorrito de aceite de oliva virgen extra, en lugar de la fritura abundante tradicional, lo que reduce la cantidad de grasa y da un resultado más ligero.
Ingredientes
- 2 rebanadas gruesas de pan brioche
- ½ litro de leche
- 250 ml de nata
- 25 g de azúcar moreno
- 1 huevo
- 1 cáscara de limón
- 1 rama de vainilla
- 1 rama de canela
- Aceite de oliva virgen extra
- 100 g de azúcar blanco
- Canela en polvo
Elaboración paso a paso
- Colocar en un cazo la leche, la nata, el azúcar moreno, la cáscara de limón, la rama de canela y la vaina de vainilla abierta. Calentar a fuego medio hasta que comience a hervir.
- Retirar del fuego y dejar reposar unos minutos para que los aromas se integren.
- Colar la leche aromatizada y verterla en una fuente amplia.
- Sumergir las rebanadas de brioche y dejar que absorban bien el líquido por ambos lados.
- Batir el huevo en un plato hondo y pasar por él las rebanadas ya empapadas.
- Calentar una sartén con un chorrito de aceite de oliva virgen extra a fuego medio.
- Dorar las torrijas por ambos lados hasta que queden ligeramente crujientes por fuera.
- Mezclar el azúcar blanco con una cucharadita de canela en polvo en un plato.
- Retirar las torrijas de la sartén, dejar que escurran sobre papel de cocina y rebozarlas aún calientes en la mezcla de azúcar y canela antes de servir.
La chef asegura que el resultado final es notablemente diferente al de la receta clásica. La miga del brioche retiene la leche de forma más uniforme y la vainilla perfuma el conjunto con una intensidad que la canela sola no alcanza.














