El debate sobre la política migratoria volvió a ocupar un lugar central en la agenda europea tras la cumbre de líderes de la Unión Europea celebrada en Bruselas.
En ese contexto, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, salió al paso de las críticas recibidas por el proceso de regularización de inmigrantes impulsado por España y defendió la estrategia de su Ejecutivo frente a otros modelos más restrictivos que ganan terreno en varios países del bloque comunitario.
Durante la rueda de prensa posterior a la reunión de los Veintisiete, Sánchez respaldó la política migratoria española y respondió a los cuestionamientos planteados por algunos líderes europeos. El mandatario recordó que el proceso de regularización cuenta con el apoyo tanto de organizaciones empresariales como de la Iglesia católica y, ante las críticas, instó a quienes cuestionan la medida a que “hablen con el Vaticano”.
Cruce de opiniones en la cumbre de Bruselas
La cuestión migratoria había protagonizado la cena de trabajo celebrada la noche anterior entre los líderes europeos. Según trascendió, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y la jefa de Gobierno danesa, Mette Frederiksen, expresaron sus reparos sobre la iniciativa española.
Sin embargo, fuentes diplomáticas europeas matizaron que la conversación se desarrolló como un intercambio de opiniones y no como un enfrentamiento directo.
El propio Sánchez trató de rebajar la polémica al señalar que lo ocurrido fue un debate necesario sobre migración, una de las cuestiones más sensibles para el futuro de Europa.
Además, insistió en que las medidas aplicadas por España están ofreciendo resultados positivos en materia de integración y gestión de los flujos migratorios.
España defiende un modelo basado en la integración
El jefe del Ejecutivo español aseguró que la política migratoria de su país está dando resultados concretos y defendió la regularización de inmigrantes como una herramienta útil para responder a las necesidades del mercado laboral y favorecer la integración social.
La posición española contrasta con la de varios socios europeos que impulsan medidas más estrictas para controlar la inmigración irregular. Este choque de enfoques evidencia una creciente división dentro de la Unión Europea sobre cuál debe ser la respuesta frente a los movimientos migratorios y los desafíos demográficos y económicos que enfrenta el continente.
El Parlamento Europeo aprueba el Reglamento de Retornos
Mientras España defiende un enfoque basado en la regularización, las instituciones europeas avanzan en una dirección diferente. El Parlamento Europeo aprobó esta semana el Reglamento de Retornos, una normativa que permitirá agilizar las deportaciones de migrantes en situación irregular y abre la puerta a la creación de centros de retorno en terceros países.
La propuesta obtuvo un amplio respaldo en la Eurocámara, con 418 votos a favor, 218 en contra y 30 abstenciones. Tras la votación se vivieron momentos de alta tensión política. Los grupos de derecha celebraron la aprobación con aplausos y gritos de “Send them back!” (enviadlos de vuelta, en inglés), mientras que los eurodiputados críticos con la norma respondieron con cánticos de “Shame on you” (dais vergüenza, en inglés).