Un caso ocurrido en Alicante ha generado impacto por su contundencia. Los tribunales avalaron el despido sin indemnización de una empleada que llegaba antes a su puesto.
No obstante, la legislación laboral y la jurisprudencia advierten de un riesgo claro. Esa práctica puede terminar en un despido disciplinario. Lejos de beneficiar al trabajador, puede volverse en su contra.
Muchos empleados en España creen que adelantar su entrada mejora su imagen profesional. También piensan que ayuda a cumplir con una carga laboral elevada.
Si bien llegar antes al trabajo suele verse como una señal de compromiso, para algunos empleadores puede percibirse como una forma de fichar antes el horario laboral y cobrar más dinero.
Llegar temprano al trabajo puede conducir a despido disciplinario
Una empleada debía iniciar su jornada a las siete y media de la mañana. No obstante, accedía al centro bastante antes. Según su versión, necesitaba más tiempo por la carga laboral.
Pese a esa explicación, la empresa le advirtió que no debía entrar antes. Primero hubo avisos verbales. Después, una comunicación formal por escrito.
Una trabajadora fue despedida tras acudir de forma reiterada entre treinta y cuarenta y cinco minutos antes. Tenía una hora de inicio claramente fijada en su contrato. Aun así, adelantaba su entrada cada día.
Control horario y horas extra no autorizadas
El conflicto no se centró en la puntualidad. El problema radicó en el control del tiempo de trabajo. Las empresas deben registrar de manera precisa la jornada laboral.
Llegar antes implica trabajar más tiempo. Ese tiempo adicional se considera, legalmente, hora extra. El conflicto aparece cuando esas horas no están autorizadas.
“El empleador puede prohibir expresamente la realización de horas extraordinarias”, explica el laboralista. Si existe esa prohibición, ampliar la jornada supone un incumplimiento contractual.
Tribunales respaldan el despido sin indemnización
El juzgado entendió que su conducta generaba descontrol en el registro horario. También afectaba a la organización interna de la empresa. No era un hecho aislado.
La trabajadora recurrió el despido convencida de su buena fe. Consideraba que su conducta demostraba implicación. Sin embargo, los tribunales no le dieron la razón.
Al tratarse de un despido disciplinario procedente, no hubo indemnización. La reiteración y los avisos previos resultaron determinantes.