El accidente ferroviario ocurrido el miércoles 28 de octubre en Urda (Toledo) dejó al menos 69 muertos y más de un centenar de heridos. Mientras continúa la asistencia a las víctimas y sus familiares, quienes lograron sobrevivir se enfrentan a otro desafío: recuperar la sensación de seguridad después de una experiencia traumática.
Las pesadillas, los recuerdos intrusivos, el miedo a volver a viajar en tren y la culpa por haber sobrevivido son algunas de las reacciones que pueden aparecer durante los días posteriores. Sin embargo, los especialistas advierten que estas respuestas son esperables ante una situación extrema y no implican necesariamente un trastorno psicológico.
En una entrevista con El Cronista, Miguel Ángel Estévez Paz, profesor del CES Cardenal Cisneros, especialista en psicología de emergencias, explica qué necesitan los supervivientes durante las primeras horas, cómo recuperar progresivamente la normalidad y cuándo conviene buscar ayuda profesional.
Qué ocurre psicológicamente después de sobrevivir a una tragedia ferroviaria
Para Estévez Paz, las primeras necesidades de los supervivientes son recuperar la percepción de seguridad, comprender lo ocurrido y contactar con sus seres queridos.
“Seguridad física primero; información clara y veraz sobre lo que está pasando y lo que va a pasar después y conocer el paradero y el estado de los suyos”, explica.
El especialista también destaca la importancia de que los afectados no se perciban exclusivamente como víctimas, sino que reconozcan su capacidad de respuesta ante una situación extrema.
“Todo superviviente ha logrado sobrevivir, eso ha de ponerse en valor”, sostiene. Salir del peligro, mantener la calma o ayudar a otra persona son acciones que pueden contribuir a reconstruir esa percepción.
Durante las primeras horas pueden aparecer shock, incredulidad, llanto, temblores, bloqueo o una calma aparente. En los días siguientes, estas respuestas pueden dar paso a insomnio, pesadillas, irritabilidad, dificultades para concentrarse o recuerdos involuntarios del accidente.
También puede manifestarse la denominada culpa del superviviente, que lleva a algunas personas a preguntarse por qué lograron salir con vida cuando otras murieron.
En declaraciones a EFE, Miriam González Pablo, psicóloga de emergencias del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, compara la evolución de estos recuerdos con una herida que, con el tiempo, puede cicatrizar. “Esto es como si nos hacemos un corte: al principio va a sangrar mucho, luego se irá cerrando y al final veremos una cicatriz”, señala.
Cómo recuperar la normalidad después del accidente
Una de las principales recomendaciones de Estévez Paz consiste en retomar progresivamente las actividades habituales para reconstruir la sensación de control. “Recuperar horarios y pequeñas rutinas devuelve la sensación de control y previsibilidad que el accidente nos arrebató”, explica.
El especialista considera que volver a realizar actividades conocidas, incluso cuando inicialmente no existen ganas de hacerlas, ayuda a recuperar la identidad y los hábitos anteriores al accidente.
“La clave es el recuerdo de nuestra propia identidad, hacer lo que sabemos que nos gusta hacer o solemos hacer, aunque en este momento no nos apetezca o nos sintamos capaces”
Esto no implica ignorar lo sucedido ni acelerar la recuperación, sino reconstruir gradualmente la autonomía, de acuerdo con las necesidades de cada persona.
El miedo a volver a viajar en tren: cómo afrontar el temor después de la tragedia
Las consecuencias psicológicas del accidente también pueden alcanzar a personas que no viajaban en las formaciones siniestradas. La magnitud de la tragedia puede alterar la percepción de seguridad de quienes utilizan habitualmente el transporte ferroviario.
“Una catástrofe rompe el significado de las cosas; lo que antes era seguro deja de parecérnoslo ahora”, explica Estévez Paz.
Por eso, considera comprensible que aparezca miedo a volver a subir a un tren. Su recomendación es afrontar ese temor gradualmente, con trayectos cortos y acompañado si resulta necesario.
“Lo esperable es que la cotidianeidad se imponga con el tiempo y poco a poco nos vayamos exponiendo a ese miedo de forma natural a medida que nos vaya haciendo falta”, sostiene y advierte que, cuando el temor persiste y lleva a evitar medios de transporte hasta el punto de limitar la vida cotidiana, es conveniente solicitar atención profesional.
Cuándo es necesario buscar ayuda psicológica después de una tragedia
Para Estévez Paz, la principal señal de alarma no es la aparición de reacciones emocionales después del accidente, sino que persistan e interfieran con la vida cotidiana cuando la situación comienza a estabilizarse.
Si después de los primeros días o semanas una persona continúa sin poder dormir lo suficiente, trabajar, relacionarse con los demás o afrontar situaciones asociadas al accidente, resulta necesario consultar con un especialista.
“Acudir a los profesionales no significa que se sufra un trastorno; lo más habitual es que sirva precisamente para prevenirlo”, explica.
También subraya que cualquier manifestación relacionada con no querer seguir viviendo debe tomarse seriamente. En España, recomienda recurrir al teléfono 024 o al servicio de emergencias 112 para solicitar ayuda.
Mientras tanto, Renfe e Iryo habilitaron centros de atención a familiares en Madrid, Córdoba y Sevilla, con apoyo psicológico, además de la línea gratuita 900 10 10 20 para resolver dudas sobre trámites y desplazamientos, según informó EFE.
No obstante, Estévez Paz advierte que el acompañamiento deberá mantenerse más allá de la respuesta inmediata a la emergencia. “El dolor de las familias más dañadas por esta catástrofe seguirá ahí, mucho después de que este accidente abandone las portadas”, reflexiona.
El especialista sostiene que el compromiso social, comunitario e institucional será fundamental para acompañar a las víctimas durante un proceso de recuperación que puede extenderse mucho más allá de la actualidad informativa.