

Cumplir 82 años en el mismo piso donde se ha vivido casi tres décadas y, de repente, verse a las puertas de un desahucio. Es la situación que atraviesa Paquita, una vecina que se ha convertido en símbolo de la presión inmobiliaria sobre los inquilinos de más edad en los barrios céntricos.
Su caso terminó movilizando a todo el vecindario. “Llevo 28 años aquí y quieren hacer un piso turístico”, resume ella sobre el motivo que, a su juicio, está detrás del intento de echarla de casa.

Por qué Paquita se enfrenta a un desahucio
Paquita vive de alquiler en el mismo inmueble desde hace 28 años. Según denuncia, la propiedad busca recuperar la vivienda para destinarla al alquiler turístico, un uso mucho más rentable en una zona de alta demanda.
El suyo no es un caso aislado en el edificio. La finca acumula ya numerosos pisos turísticos, lo que ha ido vaciando de vecinos de toda la vida, una comunidad que antes era estable.
El desahucio estaba señalado, pero no llegó a ejecutarse en la fecha prevista. Un juzgado suspendió el lanzamiento apenas 24 horas antes, al constatar que faltaba un trámite imprescindible.
La razón fue la ausencia del informe de servicios sociales que debe evaluar la situación de vulnerabilidad de la afectada, un documento que el Ayuntamiento no había remitido a tiempo. Se trata, en cualquier caso, de una suspensión cautelar y no de una cancelación definitiva, por lo que el proceso puede reactivarse más adelante.
Qué papel jugó el barrio para evitar el desahucio de la mujer de 82 años
Ajenos a la suspensión de última hora, decenas de vecinos y colectivos vecinales se concentraron igualmente frente al portal en la fecha señalada, en señal de apoyo. Portaban carteles con lemas contra la expulsión de residentes de toda la vida.
Uno de los mensajes más repetidos resumía el sentir de la protesta: la idea de que hoy le toca a Paquita, pero mañana puede tocarle a cualquiera. La movilización convirtió un caso individual en una reivindicación colectiva sobre el derecho a la vivienda.
La versión municipal introduce matices. El Consistorio sostiene que la familia “no se encuentra en situación de vulnerabilidad económica” y que se le ofrecieron alternativas habitacionales que habrían sido rechazadas.
Esa discrepancia sitúa el caso en un terreno de versiones enfrentadas, entre quienes lo presentan como un desahucio por motivos especulativos y quienes sostienen que existían opciones sobre la mesa.
Qué puede pasar ahora con el desahucio
La suspensión da un respiro, pero no cierra el proceso. Una vez que el informe social se incorpore al expediente, el juzgado podrá fijar una nueva fecha de lanzamiento.
El caso se enmarca en un debate más amplio sobre el avance del alquiler turístico en los centros urbanos y su efecto sobre los inquilinos de más edad y menos recursos, los más expuestos cuando un piso cambia de uso.












