

- Paco es el único habitante de una aldea de 14 casas en Jaén
- De una escuela y decenas de familias a un único vecino durante todo el año
- Vivir solo en una aldea de Jaén: el supermercado está a 30 kilómetros
- Un congelador preparado para las nevadas y agua directamente de la montaña
- La borrasca Filomena lo dejó incomunicado durante 19 días
- “Aquí hay mucha calidad de vida, pero muy poca variedad”
- La preocupación de Paco por el futuro: “Cuando termine yo, se acabó el pueblo”
En una pequeña aldea de la Sierra de Segura, en Jaén, hay 14 viviendas, pero solo una permanece habitada durante todo el año. Allí vive Paco, nacido en el lugar hace casi 70 años y convertido en el último habitante permanente de un caserío situado a unos 1200 metros de altitud.
La aldea pertenece a Santiago-Pontones, un extenso municipio conocido como el pueblo de las cien aldeas. Cada mañana, Paco puede abrir la puerta de su casa sabiendo que probablemente no se cruzará con ningún vecino durante el resto del día.
Su historia muestra una de las caras más extremas de la despoblación rural. Donde antes había familias, una escuela, una tienda y diferentes oficios, ahora quedan viviendas cerradas y un único vecino que se resiste a marcharse. “La gente como yo estamos en peligro de extincion. Esto va a desaparecer”, asegura Paco.

Paco es el único habitante de una aldea de 14 casas en Jaén
La particular situación quedó reflejada durante una visita del programa Comando Actualidad. El reportero resumió todos los papeles que Paco termina asumiendo por ser el único vecino permanente: “Eres el alcalde, eres el policía, eres el de mantenimiento. ¿El pueblo es tuyo?”.
Paco contestó simplemente: “Sí”. La breve respuesta refleja cómo funciona actualmente esta aldea de la Sierra de Segura, donde las 14 casas siguen en pie pero prácticamente todas permanecen cerradas.
La situación era muy diferente décadas atrás. Paco recuerda que había una escuela, una tienda, un herrero y una modista. También vivían allí decenas de familias y existía una vida cotidiana que hoy prácticamente ha desaparecido.
Parte de aquellos habitantes terminó emigrando cuando comenzó a escasear el trabajo. Algunos antiguos vecinos se trasladaron a Cataluña y otros a la Comunidad Valenciana. Las casas, sin embargo, quedaron en el pueblo y algunas continúan perteneciendo a sus familiares.
De una escuela y decenas de familias a un único vecino durante todo el año
Todavía quedan huellas de aquella época en esta aldea de Jaén. Junto a una de las viviendas permanece el antiguo horno de leña, aunque ya no se utiliza y actualmente acumula escombros y maleza.
La despoblación transformó poco a poco la vida del lugar hasta dejar a Paco como único habitante permanente. Sin embargo, nunca ha querido abandonar la casa y el entorno en los que ha pasado prácticamente toda su vida.
Cuando le preguntan por qué decidió quedarse, responde sin dudar: “Porque amo la naturaleza, me gusta. Eso es lo que he vivido siempre”. Ni siquiera las dificultades del invierno han conseguido hacerle cambiar de opinión.
En esta zona de la Sierra de Segura, las temperaturas pueden acercarse a los 20 grados bajo cero. Las nevadas también pueden complicar seriamente las comunicaciones y, en situaciones extremas, dejar algunos puntos aislados durante días.
Vivir solo en una aldea de Jaén: el supermercado está a 30 kilómetros
La vida cotidiana requiere organización. Paco realiza aproximadamente una compra al mes porque el supermercado más cercano se encuentra a unos 30 kilómetros de distancia.
Sin embargo, recuerda que antiguamente la dependencia de las tiendas era todavía menor. “Antes se hacía de año en año y te apañabas con lo que tenías”, explica sobre la manera en la que se organizaban las familias de la zona.
Buena parte de los productos necesarios para vivir podían obtenerse de la propia tierra o mediante intercambios entre vecinos. Esa forma de subsistencia todavía permanece en algunas de las personas que continúan viviendo en las pequeñas aldeas de Santiago-Pontones.
Javi, otro amigo de Paco que vive solo y todavía más apartado, asegura que lleva décadas sin comprar algunos alimentos básicos como aceite, patatas o miel. En las viviendas tampoco faltan métodos tradicionales de conservación, como jamones y chorizos colgados del techo.
Un congelador preparado para las nevadas y agua directamente de la montaña
Estar preparado para un temporal es fundamental en una aldea de la Sierra de Segura. Paco dispone de un gran arcón congelador que permite almacenar alimentos cuando la nieve impide desplazarse durante varios días.
La vida de Javi representa otro ejemplo todavía más extremo. La electricidad de su vivienda procede de placas solares instaladas por la Junta de Andalucía, mientras que el agua llega directamente desde un manantial natural.
“Viene de debajo de las piedras. Bebo agua directamente de la montaña; es buenísima”, explica. Son soluciones esenciales para poder permanecer en un entorno alejado de los servicios habituales de las zonas urbanas.
Esta autonomía tiene también una consecuencia económica. Javi asegura que necesita poco dinero para mantener su estilo de vida y señala como principales gastos el gasóleo y las averías que provocan unos caminos que describe como muy deteriorados.
La borrasca Filomena lo dejó incomunicado durante 19 días
La cara más complicada de esta forma de vida aparece cuando las condiciones meteorológicas impiden cualquier comunicación. Javi lo experimentó durante la borrasca Filomena, cuando quedó completamente incomunicado durante 19 días.
“Fue un infierno total porque, como no podía comunicarme con nadie, para mí fue terrible. Te ibas a volver loco”, recuerda sobre aquella experiencia.
El aislamiento es también una preocupación para Paco. Ante la pregunta “¿No tienes miedo de que te pase algo y nadie se entere?”, reconoce que sí, especialmente a medida que pasan los años.
No obstante, la soledad física no implica una ausencia absoluta de relaciones. Muy cerca vive Justo, en otra aldea del municipio que conserva apenas siete habitantes. Cuando se encuentran, hablan sobre el campo, la ganadería y el tiempo.
“Aquí hay mucha calidad de vida, pero muy poca variedad”
Justo resume las ventajas y limitaciones de vivir en estos núcleos con una frase: “Aquí hay mucha calidad de vida, pero muy poca variedad”.
Para quienes permanecen en estas aldeas, el concepto de bienestar está alejado del ritmo de las grandes ciudades. Poder dejar la puerta abierta y vivir sin determinadas preocupaciones forma parte de esa percepción de tranquilidad.
Javi asegura que tampoco siente el aburrimiento que desde fuera podría asociarse a una vida prácticamente solitaria. “Jamás en la vida me he aburrido ni me aburro. Se pasan los días volando, las horas, los meses”, afirma.
Tampoco contempla mudarse definitivamente con familiares que viven fuera. Su valoración sobre los años pasados en este entorno es contundente: “Mi vida aquí ha sido un placer vivirla”.
La preocupación de Paco por el futuro: “Cuando termine yo, se acabó el pueblo”

A sus casi 70 años, Paco sabe que la supervivencia de su aldea de Jaén está directamente relacionada con su propia permanencia. Las viviendas continúan allí, pero ya no existe la comunidad que las llenaba décadas atrás.
Por eso, cuando habla sobre el futuro, su reflexión va más allá de su propia historia. “La gente como yo estamos en peligro de extincion. Esto va a desaparecer”, advierte.
La frase refleja el cambio experimentado por este pequeño caserío de la Sierra de Segura: de tener escuela, comercio, diferentes oficios y decenas de familias a conservar únicamente un habitante durante todo el año.
Paco lo resume con otra reflexión que convierte su historia personal en la historia del propio pueblo: “Pienso también últimamente que cuando termine yo, se acabó el pueblo”.











