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España atraviesa una gran crisis de vivienda. La falta de oferta y la escalada imparable de los precios han provocado que los hogares aumenten a una velocidad muy superior a las viviendas. En medio de este escenario, Airbnb volvió a quedar en el centro del debate político y económico por el impacto de los pisos turísticos en los barrios y en el acceso a la vivienda.

Sin embargo, el fenómeno es más complejo de lo que parece. Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez endurece las medidas contra los alquileres turísticos y sanciona a plataformas digitales, nuevos estudios muestran que Airbnb también está impulsando el turismo rural y generando millones de euros en pequeños municipios.

Datos recientes de Eurostat indican una tendencia notable en la distribución de los alquileres de corta duración en España, que pone de relieve un desplazamiento de las zonas turísticas tradicionales hacia regiones más pequeñas y menos visitadas.

De hecho, en nuestro país, el 70% de las reservas en Airbnb se realizan en zonas no urbanas o urbanas de baja densidad. Ejemplo de ello, destacan desde la compañía, es el impacto que Airbnb ha tenido en el oleoturismo español.

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Airbnb y la crisis de vivienda: cómo cambian los barrios y suben los precios

La imagen mental que todos tenemos de la turistificación suele ser fija. La de un vecino de toda la vida, con las maletas en la puerta, expulsado de su barrio por un propietario que pretende especular con la vivienda y ha decidido reconvertir su bloque en pisos turísticos.

Un estudio sobre 128 barrios de Madrid entre 2010 y 2018 concluye que Airbnb actúa como “un muro de contención demográfico y con un claro sesgo de clase”. Según el informe, por cada 100 anuncios de viviendas completas en Airbnb que se instalan en un barrio, dejan de mudarse a él unas 50 personas al año.

El análisis señala además que “cada nuevo piso de Airbnb supone la pérdida de, aproximadamente, 1,2 hogares tradicionales en el barrio”. Esto reduce la oferta residencial y termina presionando los precios al alza.

En términos económicos, el impacto es directo. El estudio calcula que añadir 100 anuncios de viviendas completas en la plataforma encarece el precio de la vivienda un 2,2%. En los barrios con más penetración turística, la plataforma llegó a inflar los precios más de un 12%.

Según el propio autor de la investigación, “las plataformas de alquiler a corto plazo moldean la dinámica de los barrios no solo a través de los precios de la vivienda, sino también afectando a los patrones de movilidad residencial”.

Los pueblos de la España vaciada ganan millones gracias al turismo rural

Mientras las grandes ciudades endurecen el control sobre los pisos turísticos, Airbnb decidió reforzar su apuesta por el turismo rural y la España vaciada.

En 2024, los anuncios de Airbnb se dispersaron en más de 5.300 ciudades y pueblos en España, promoviendo la diversidad de los viajes y ayudando a descubrir joyas ocultas de nuestro territorio.

Teniendo en cuenta los datos, en España hay unas 8.130 ciudades y pueblos, lo que significa que la empresa de alquileres de corta duración ayudó a dispersar a los viajeros por más del 60% de esos destinos en todo el país.

Un estudio de Analistas Financieros Internacionales (AFI) desvela que el turismo descentralizado es un motor económico directo para el comercio de proximidad.

En 2024, más de 13 millones de turistas se alojaron en alquileres de corta duración en municipios de menos de 10.000 habitantes y generaron un gasto directo en esas localidades de 5.563 millones de euros, de los cuales 3.200 millones fueron directamente a restauración, ocio, cultura y comercio minorista.

Asimismo, se registró un aumento del 4% en el empleo local en hostelería y comercio en pueblos muy rurales. Airbnb asegura además que “la incorporación de una sola oferta de alquiler de corta duración en cada localidad podría atraer a 580.000 turistas adicionales al año y 135 millones de euros en gasto directo adicional”.

Airbnb ya es más caro que los hoteles en varias ciudades europeas

El crecimiento de Airbnb también vino acompañado de un fuerte aumento de precios. Un análisis publicado por Radical Storage concluye que alojarse en un apartamento turístico reservado a través de Airbnb en una de las veinte principales ciudades turísticas europeas resulta más caro que hacerlo en un hotel.

Según el estudio, el precio medio de una noche en Airbnb alcanza los 284 euros por alojamiento, frente a los 244 euros que cuesta de media una habitación de hotel. La diferencia ronda los 40 euros por noche.

Uno de los casos más extremos aparece en Palma de Mallorca. En la capital balear, el precio medio de una noche en un alojamiento de Airbnb alcanza los 732 euros, mientras que hospedarse en un hotel cuesta alrededor de 185 euros.

La brecha entre ambas opciones asciende así a 547 euros por noche. El análisis atribuye esta situación a la elevada demanda de viviendas completas en Mallorca, un fenómeno que impulsa significativamente los precios dentro de la plataforma de alquiler turístico.

En otras ciudades europeas, como Estocolmo y Venecia, la diferencia es mucho menor. Radical Storage destaca además que Londres es la ciudad con el precio medio hotelero más caro de Europa, con 503 euros por noche.

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El Gobierno endurece el control sobre los pisos turísticos

La presión política y social sobre Airbnb creció de forma acelerada en los últimos meses. El gigante estadounidense Airbnb va a tener que abonar la multa de 64 millones de euros que le impuso el Ministerio de Consumo en diciembre de 2025 por cometer distintas infracciones en la publicación de anuncios de viviendas en alquiler para turistas.

Según Consumo, el pago de esos 64 millones de euros equivale “a seis veces el beneficio ilícito” obtenido por Airbnb como consecuencia de esas malas prácticas.

El Ministerio de Vivienda también impulsó el Registro Único de Alquileres, que entró plenamente en vigor el pasado 1 de julio y obliga a los propietarios a identificar las viviendas turísticas anunciadas en plataformas como Airbnb o Booking.

La entrada en vigor de esta normativa provocó un fuerte ajuste del mercado. En noviembre de 2025, según datos del INE, el censo de viviendas turísticas en España era de 329.764, un 12,4% menos que en el mismo mes de 2024.

Consciente de las restricciones en grandes ciudades como Madrid o Barcelona, Airbnb optó por cambiar su estrategia y centrarse en crecer en la España vaciada mediante el denominado Compromiso Rural en España, un plan a tres años dotado con 50 millones de dólares.